lunes, 24 de agosto de 2026

PRÓLOGO DE MI OBRA POÉTICA 2001-2012 POR HUGO FRANCISCO RIVELLA

 


LA POESÍA ES UN MENSAJE SECRETO 

 

No sé si la poesía es una búsqueda, pero seguramente en esa búsqueda uno intenta definir lo que es, o creer en el hechizo de la palabra, y en esa maravilla, encontrarnos

El espejo nos devolverá lo que miramos, la misma figura, la ilusión de haber sido y mostrar como somos, quizás en ese andar uno tropiece con un espejo roto y no con un abismo imposible de saltar

Gustavo Tisocco creció, como todo niño, buscando ser a cada instante, el hombre, la mujer, el paisaje difuso de la fantasía, en lo que ahora defiende; la identidad del sol en la sombra.

 

En SUTIL define que la poesía perfuma sobre sus huesos, en las calles de una ciudad que destella crueldad, en las Madres y abuelas, en el blanco pañuelo que alumbra sus pasos.

Compromiso.

Con la realidad, con la Poesía, con la memoria

 

Qué pensaba el poeta cuando decía en un verso

Fácil y sutil el salto al vacío.

Miro al poemario desde afuera, de lo que cuenta, infiero desatinos, la sed del náufrago oteando un desierto a la distancia.

Intento ser el otro

¿Deseó sentirse pájaro, volar al infinito?

Hay sesgos de su otra profesión, la que le da de comer, porque la de vivir es esta, un cuerpo enajenado lleno de preguntas

Pienso que SUTIL es un pañuelo blanco que ronda la plaza junto a las madres y a las abuelas sosteniendo la libertad en cada palabra

Sé que es la lira de tus manos el mensaje secreto,

sutil mente lleno de metáforas

 

ENTRE SOLES Y SOMBRAS define lo que piensa

La duda no está en lo que dice, si no lo que expresa cuando uno hunde sus ojos en el poemario.

El poeta nunca ha de ser prisionero de la sombra, porque grita de pie…estruja su garganta…busca las palabras en el olvido

Despliego mi voz, empiezo a ser libre., termina diciendo en un poema

Cruzado por el amor, el poeta sostiene al mundo en estos versos tan hondos

Nos dejamos olvidado sobre el piano

nuestro último suspiro.

Al calor de la vieja chimenea

tus pies desnudos rozan los míos.

En el suelo yacen tus miserias y tus miedos,

ahí dejé junto a mi camisa mis desamparos, mis pudores

 

El poeta ahonda su soledad, la descuartiza cuando camina entre los edificios de una ciudad dolida, siendo en ella presencia y exilio.

No importa si se hunde en el barro o ignora los espejos, todo sigue siendo una sutil búsqueda entre sol y sombras

 

Gustavo Tisocco, aunque cierre los ojos y se busque adentro, en la infancia, en lo que va creciendo para encontrar su identidad, la sociedad, el hambre, el niño, el hombre postergado, la mujer vapuleada le tironean el corazón por eso necesita gritarlo más fuerte, en el rostro de una sociedad que se mira a sí misma

Nuestro silencio / nos transforma en cómplices.

 

No lo golpean únicamente los que desgarran sus ojos, si no la memoria del otro, los pueblos postergados, envilecidos, empobrecidos.

El poeta caminó entre las piedras de la puna, se sumergió en el mar, en la historia de esta América profunda de Kush, de Domingo Zerpa, en la Cultura del silencio del cura Olmedo, por eso dice

Retorno hoy a mi morada, pero no soy el de ayer,

porque ya nunca dejará de comprender aquel 1978 de fintas y gambetas, de cínicos,

abusadores Asesinos aplaudidos, sueltos, desafiantes entre mundiales y caretas que aún perduran.

 

¿Debo aclarar la referencia a una dictadura que asesinó a Santoro, a Ohesterhel y sus cuatro hijas, a los arrojados al Río de la Plata, los muertos en Palomitas?

No hace falta

Entre sol y sombras el poeta eligió caminar hacia la luz, ama gimotea, se entrega

cuando camine hacia las sombras sienta que es eternidad lo

que abruma y no simple olvido

 

Eso es a cada tranco la poesía de Tisocco.

 

En vez de palabras, el poeta junta piedras de rayuela para llegar al cielo

Porque en la infancia lo aguardan sus hermanos, el río que se despereza en su cuerpo para después, con los años, ser esta vorágine que escribe lo que siente.

Paisaje íntimo

La casa es un refugio a donde regresa siempre, porque allí sigue intacto el sueño de un país hecho a hebras de puro amor

¿Los textos de Montessori florecerán en su corazón?

¿Antoine de Exupery mirará en el poeta a León Whert cundo era niño? ¿Será Neruda el que le dicta que juegue para que no pierda su niño?

O dirá como Rilke”

La única patria que tiene el hombre es la infancia”

 

No encuentro un solo verso que derrumbe al poeta, todo renace, fulgorea, estalla como brasa.

 

La vida es un desafío aunque le digan no vayas al río que puedes morir.

Y si renuncia al amor o ensaya una despedida ofrece

Me cedo a ti y no soy abismo, sino un frágil barrilete extraviado en el viento

Recordar, volver a pasar por el corazón, lo que lo alienta a seguir es el modo en que ha vivido los naufragios, los golpes al corazón, la historia que buscan invisibilizar pero que en el poema nacen

porque del útero temeroso brotaron pañuelos blancos.

 

Una poesía sin olvidos es la de Gustavo Tisocco

 

Cuando del exilio, digo, el de la palabra, de su lugar de residencia, siempre regresa a la mirada del abuelo, su pueblo, ese rondar por los recuerdos con entrega y ternura.

Así vivo los poemas que aluden a su infancia, a su niñez de duendes y fogatas, a sus hermanos

“Con mis hermanos fuimos tribus,

malabaristas, despistados brujos, la princesa era mi hermana

y el dragón

a veces fui yo”

 

La Poesía de Tisocco no tiene olvidos, y otra vez golpea la sombra de los desaparecidos, de los que arrojaron sin clemencia al Río de la Plata

Hoy bebo / a mis muertos./ Avergüenza mi sed.

Y cuando creo o necesito releer su libro, en el último escrito de Paisaje adentro dice lo siguiente

“Sigo aquí en la inconciencia de no tener hambre. Elijo el vino que embriaga mi soledad tan propia, desprecio ajenos disfraces, me envuelve mi desnudez guerrera”.

 

Cuando un hombre pinta, piensa, cuando escribe está haciendo filosofía.

Qué lenguaje trasmite una pintura? ¿Cómo atrapo sus colores?

¿Vago del azul al rojo, deshojo al arcoiris, indago la mirada del pintor del cuadro?

¿Agito mi propio yo?

 

En PINTA POEMAS desafía el ojo del lector y desafía el ojo y las manos del que pintó el cuadro.

¿Qué soy en ese cuadro?

Me llevan de la mano, Van Gogh, Modigliani, Dalí, Emil Nolde, Goya, Manet.

Me desconcierta el trazo en la mirada del poeta que indaga, escudriña el corazón del cuadro. Busca lo indecible y recupera el ojo para escribir el libro.

Desando sus poemas en las alas de un colibrí

 

DESDE TODOS LOS COSTADOS y en cuáles de ellos se instalará el poeta. Girará su mirada.

La palabra lo empujara a caminar.

En el primer poema define que el poeta es un gusano, y a traspié, no sabe si hay grandes poetas, pero lo que sí busca es encontrarse con su cuerpo, el distendido, lo que le devuelve el ojo cuando intenta ser el que siente ser

Esa mujer que me observa desde el cuadro he sido yo.

 

En la habitación del piso en donde vive, ya no frente a un cuadro como en su libro PINTAPOEMAS, imagina sombras, destellos, risas, los ruidos que demacran sus horas, mientras palpa su cuerpo y lo recorre, aunque

hermoso y erguido,/ inevitablemente me marchito

La rutina, la monotonía se apodera de todos, nada más que sombras, el dolor traspasa las paredes pero no impide que el poeta reitere su compromiso con los que siguen buscando al hijo en los escombros

¿Quién bucea en su corazón?

¿Qué espejo lo desnuda para entrar en sus ojos?

¿En los de su hermano?

No hay un solo verso en donde no se pregunte y responda que es sed y agua

La nada más grande soy, felicidad toda.

 

Cuando uno recorre, anda y desanda la obra de un poeta, en este caso Tisocco, confirmo la idea de que escribimos un solo libro con muchos capítulos en los que cada uno de esos capítulos es un libro, lo que no cambia es el pulso que lo atraviesa, el poeta desgarrado y asombrado juntando de a pedacitos lo que vive, mira y recompone la mirada en ese espejo que es la Poesía, la creación.

El poeta me lleva de la mano.

 

 

Amaba…los caballos trotando por tu cuerpo…tus escombros

Tiene heridas su voz, las calles de su pueblo, el río desbocado en su cuerpo el amor será un carozo horadando la tierra

Qué ilusión desgarra lo que vive y sin nombrar el Paraíso, como lo hago yo mientras escribo, se pregunta por  

un Dios que andaba desnudo…

que hubo una mujer que prefirió vestirse…

Nadie sabe de dónde surgió la serpiente

 

No se atreve a nombrar, me corrijo, deliberadamente no quiere hacerlo-Hasta esa libertad nos ofrece, como lector, agradecido

No importa.

Lo que importa es el desafío de ser quien interroga al mundo y lo deja tieso, contra un cielo de mármol aunque incrédulo se esconda.

En cada palabra, en cada poema el poeta triza su ternura, ofrece su corazón, desentraña lo oscuro refleja lo que siente, lo que entrega, la

identidad de ser lo que no encuentra, también deja nombres como el de Rufina Cambaceres, Elisa Brown, Luz García Velloso en donde el amor, a veces, es un entramado de traiciones de una sociedad que oculta o silencia los nombres, las razones de la muerte, sus vestigios raídos para que siga siendo un triste apariencia en un rincón cualquiera de la Recoleta

 

Es TERRESTRE su corazón, aunque ame a un hombre pez y lo asfixie.

El poeta sugiere y provoca incertidumbre por más que describa a la muerte vestida de payaso, de sombra, de muñeca, de un Dios ausente,

y eso me parece un acierto, como si en el final de un cuento apareciera Judas y traicionara la morada del ángel y la metáfora sea lo que incita al lector a repasar lo escrito.

Su madre corre entre los alelíes, su abuela calla por la muerte del hijo, todo es un remolino sostenido por el ojo del poeta que mira el vuelo de las mariposas, habla del exilio pero es un prisionero de lo que ama, de lo que ha vivido, la infancia con duendes y monedas, de los pies desnudos sobre la hierba que recuerda y sea esa mariposa atravesada por su propio vuelo. Alejandra asoma a cada rato en los poemas de Tisocco, la del suicidio, de las pastillas de secobarbital, la que sin nombrar reconocemos

Homenaje y memoria

 

¿Existirá Dios? Se pregunta, pero esa pregunta es un retorno a lo que desde el inicio se plantea, sugiere, busca y rebusca responder.

El poeta sabe, es consiente que sólo el amor nos salva, más allá de las oraciones en un reclinatorio sin fronteras.

Buscar la identidad.

No desfallecer

No ser el ángel desterrado del Paraíso, ser uno de los treintamil que aguardan el milagro del regreso a la vida.

Gustavo Tisocco mira desde el asombro niño, el que le posibilita ser transparente cuando habla de este que soy, sin dobleces, con rasgaduras pero el corazón intacto para seguir escribiendo, enfrentando a la sociedad, al siglo que ambiciona poner al mundo de rodillas, en penumbras, volvernos ciegos para ocultar sus miasmas

 

El poema corto, reflexivo me deja sin palabras o mejor,

mucho mejor, transcribo de a retazos al poeta

 

Cada niño al caer

fue deshojando la rosa.

Por cada hombre roto

una nube cubrió el cielo.

 

Apenas

una línea curva

en el abismo.

 

Herméticos los ataúdes,

el sexo en las muñecas,

las latas de durazno

 

La Poesía no

 

Me atravesaron los poemas del poeta Gustavo Tisocco. Lo digo sin ambages. Con el único compromiso de respetar lo que pienso sin eufemismos.

A calzón quitado. Desnudo.

Ojalá podamos decir como Walt Whitman cuando escribía

Quien toca a este libro toca a un hombre” también ser ese hombre que reflexiona

Dios debe ser como un gato…a veces me acaricia,,,otras me abandona

 

Me gustan los hombres tristes porque tienen historias., dice en uno de los últimos poemas.

También

Me gustan los poetas tristes digo yo si en ellos vibra uno con la intensidad y entrega de Gustavo Tisocco

 

La Poesía es un mensaje secreto que hace visible al mundo. Completo la frase después de disfrutar esta POESÍA REUNIDA de Gustavo Tisocco

                                                                        

Hugo Francisco Rivella

  Mayo del 2026

 

 

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sábado, 28 de marzo de 2026

Palabras de CÉSAR H. SUÁREZ en la presentación de TERRESTRE en Chivilcoy

 


Hoy presentamos el libro “Terrestre” de Gustavo  Tisocco - Vela al Viento  Ediciones Patagónicas en su segunda edición.

Gustavo en su lenguaje lirico, sensible, se conmueve y nos emociona en los temas que acontecen a la condición humana.

Dos poetas argentinos nos expresan

La poesía es un misterio que busca atravesar el lenguaje para llegar al silencio. Un perpetuo buscar en la palabra, en la expresión, lo que no  alcanza, lo que jamás podrá expresarse. Porque no hay un lenguaje que rompa el misterio de la muerte. Solo el perfecto amor, que es inefable y vive por encima del lenguaje y de las formas, nos dice  Zulma  Zubillaga

En este caso “Terrestre” se ahonda en lo expresado por Zulma y denota toda esa capacidad de Gustavo para evidenciar  y revelarnos ese submundo poético, cito del primer poema “me enseñaste las palabras que hoy escribo y me salvaste”.

Posteriormente el poeta Sergio Guerrieri sostiene La poesía es un modo de nombrar lo inefable. Es un misterio en tanto busca un sentido “ahí” donde el cuerpo sabe, la conciencia  quisiera saber y solo el lenguaje puede decir. El poema es un intermediario en el mundo de  lo que aun existe innombrado. Los poetas son videntes, la poesía rodea núcleos de lo indecible y convierte al lenguaje en un campo de batalla, porque de qué otro modo, podríamos hacer frente al silencio.

Cito de la página n° 16

Comulgar con el silencio, / mis recónditos, / dolerme en cada sílaba, / cada acento, / percatarme de que abruma el ruido, / los huesos mutilados, / las fronteras. / Saber que después del aplauso / es más corto / el camino  al solitario lugar / en el que habito. / La poesía es una celda de luz / que nos mutila.

El autor habita en ese/ este tiempo, con conciencia social, se ubica en el lugar de quien sufre, mencionado en cada página de “Terrestre”, en cada  recuerdo de su infancia, en esas ausencias, en esos amores vividos, en su Mocoretá donde nacieron algunos  de estos poemas y otros en la ciudad de Buenos Aires.                                                               

Gustavo, hace a través desde este lenguaje sensible y entrañable un resguardo para su historia, que también es nuestra historia.                                                                                                                                  

César H Suárez                                                                                                         

21 /3/ 2026- Chivilcoy

lunes, 23 de marzo de 2026

Palabras de MAURICIO CAPPIELLO en la presentación de TERRESTRE en Chivilcoy.

  


“Terrestre”

Un Viaje de Reflexión y Nostalgia – Obra poética de Gustavo Tisocco 

 

El libro “Terrestre”, obra poética del querido Gustavo Tisocco, se podría definir como un viaje, sí, un viaje de reflexión y nostalgia, a través de las experiencias más íntimas, más vulnerables, donde cada página se convierte en un espejo que refleja no solo el mundo del autor, sino también el nuestro. Gustavo nos envuelve en una atmósfera de añoranza y descubrimiento, nos dice La Poesía es una celda de luz / que nos mutila porque alguien le enseño las palabras, le conto de muelles, tempestades, jaulas, extravíos y claridad. Me enseñaste las palabras / que hoy escribo/ y me salvaste. Así, con su mirada profunda y conmovedora comenzamos a transitar este libro, por momentos es como un eco resonante Cantar/ cantar hasta que se nos sequen los ojos /cantar, de esta manera cada verso, cada latido es una proeza de vida que nos impulsa a identificarnos con lo inmanente del ser y su esencia, recordándonos que, a pesar de las adversidades, hay siempre un hilo de esperanza que nos ata a nuestros recuerdos más preciados. 

 La imagen del niño que juega, pedaleando rápidamente su bicicleta entre los aromas de glicinas y madreselvas, nos cuenta del amor y del misterio /de aquella rayuela / los soldaditos / de los pies desnudos se siente Exiliado. / Ahora el acertijo que soy no tiene retorno, todo esto se convierte en un símbolo, en su transitar por el camino, alude al constante paso de la vida y lo inevitable del cambio.

 Al igual que ese pequeño, todos nosotros estamos atrapados en la vorágine del tiempo; sin embargo, la memoria se erige como nuestro resguardo, en este sentido, “Terrestre” nos confronta con la dualidad de la existencia: la velocidad de la vida, se enfrenta a la pausa que permite la reflexión. La nostalgia es retratada aquí no solo como un anhelo de lo que fue, sino como una fortaleza que nos permite sobrellevar la ausencia de aquello que hemos perdido. La última muerte / fue de todas / la más vida. 

 La relación con la madre, el primer regalo, toda la ternura y el legado de la sabiduría, se convierten en un hilo conductor que une al lector con sus propias experiencias, me soñaste tigre audaz / y soy este animal herido / que olvidó hasta su nombre.

El recuerdo de la huerta cuidada con esmero del padre, por ejemplo, simboliza la conexión con nuestras raíces, el retorno a lo esencial, en la memoria del protagonista sus padres aparecen como faros de enseñanza y amor.

Mientras tanto el río se presenta como el guardián de susurrantes secretos; lleva consigo el dolor de sus abuelos, el bosque de tártagos, los hermanos, la primer encrucijada, el miedo atroz,  las viejas canciones y un niño riendo.

 Ese niño cayo un poco antes de llegar al pan / La madre no sabe ahora de eternidades, así este libro trasciende la vida y en sus páginas, el autor nos expresa La felicidad depende de un instante. 

Uno de los temas más conmovedores de "Terrestre" es el amor y la espera, Gustavo nos revela al hombre que ama y que él también anhela ser amado, ese que abraza sueños, verdades y tristezas yo amo a ese hombre pez de cuerpo brillante / filoso de un mirar constante / horizontal. Un hombre que me cuenta eternas leyendas, que canta con su voz de espuma y me abraza como puede. De esta manera nos dice que siempre hay un momento para la redención y el renacer en el amor y la esperanza. 

Los paisajes que pinta el autor son igualmente significativos en cada estrofa, hay ecos de la naturaleza que nos rodea: los pájaros que buscan su lugar en el cielo, la lluvia que acaricia la tierra de Mocoretá  y trae renovación, olor a tierra húmeda es mi pueblo /a uvas y glicinas / a mandarinas, fresnos y eucaliptos, todo ello se entrelaza con la búsqueda de libertad, destacando la importancia de la exploración personal, describe estos elementos naturales, evoca una conexión profunda con el entorno, recordándonos que el paisaje también forma parte de su y nuestro viaje interior. 

El dolor de las madres se transforma en un elemento crucial en la obra, aún están los seres que han amado entre rezos - por costumbre - como los de  la abuela Rosa.  Ella reza y reza / y no entiende por qué Dios / le arrebato al hijo.

Gustavo aprendió a escucharlas, a esas madres

 …La madre cada tarde todavía llora / cuando mira al pescador / cada tarde llora.   

…Esa mujer deshabitada / lleva una foto en el pecho, / un rostro, un niño gritando / sobre su sombra herida. 

De la misma manera nos conmueve  con poemas donde la empatía hacia los más necesitados, y lo manifiesta como algo fundamental para construir una sociedad justa y solidaria, él se interpela y nos interpela. Nosotros observamos la tragedia / y escribimos.

Entonces cada poema es un testimonio de resiliencia del alma, también un canto a la vida en todas sus facetas,  un recordatorio que, a pesar del sufrimiento, siempre llevaremos dentro la historia que nos define, ese sentimiento universal se convierte como un amuleto, una fuerza que nos acompaña y nos desafía a confrontar nuestras propias pérdidas.

 Aparece también la casa, que no es casa, pero de algún modo lo es y se ofrece como refugio, aunque tenga tinieblas, hay  resquicio de luz, simboliza un universo lleno de contradicciones: la fragilidad de la vida y la fortaleza del amor, Tisocco parece sugerir que incluso en los momentos más sombríos, siempre hay un atisbo de luminosidad que nos guía, cada uno de estos poemas  forma parte de un entramado emocional que conecta sin dudas al lector con su propia historia, reitero Gustavo, no teme adentrarse en el dolor De Niños, Arielito, supimos de la muerte. / A ti te tomó por sorpresa / sin poder esconderte, /a mí me dejo marcado / para que la escriba.

También en el libro se celebra la vida en toda su complejidad, el autor sabe cómo hacerlo, así el lector se encuentra en una danza entre la luz y la oscuridad, entre la alegría y la tristeza, comprendiendo que ambos extremos son fundamentales y es, en sí mismo, un acto de resistencia.

A medida que avanzamos en la lectura cada verso está impregnado de una sinceridad, de una confidencia que nos atraviesa, nos habla de los fantasmas  ¡ay!  esos fantasmas de siempre, y de reiterar un nombre, llamarlos  y saber que no vendrán, no vendrán, buscar en el hueco de la tarde el resplandor del deseo, el aroma de la vida entre sus tallos, los hombres tristes porque tienen historias, la vejez que duele y decir Si preguntan por mí digan que defendí mis alas / y mi cansancio. 

En conclusión, el libro “Terrestre” es una obra cautivadora que trasciende el tiempo y el espacio, llegando a lo más profundo de la existencia. Gustavo captura con maestría esa intima sensación en la escritura, la prisa con que la vida transcurre, y aquellos momentos fugaces de felicidad pura, nos brinda un viaje lleno de emociones, donde la búsqueda de la esencia del ser se convierte en una experiencia compartida y universal. A través de su mirada, somos transportados a un mundo donde cada recuerdo es un poema y una nueva oportunidad para revelarnos.                                                                                                               

                                                                                                                                             Mauricio Cappiello

                                                                                                                                                    marzo 2026 – Chivilcoy

viernes, 2 de enero de 2026

Palabras de MARIANA MIRANDA sobre TERRESTRE 2da Edición

                      


Sobre “Terrestre”, de Gustavo Tisocco


    Con los pies muy bien puestos sobre la Tierra, tal cual señala su título, en este libro Gustavo Tisocco nos devela todos y cada uno de los mundos en los que el mismo poeta ha volcado sus amores: Mocoretá, su pueblo natal: “Mi pueblo es la perla del Sur,/Virgen de Itatí, fiestas de navidad/y duendes  despertando en la siesta.”, “Mocoretá cuna de mis ancestros./ Tumba en la que descansaré/ bajo un manto de belleza.”, su abuela: “Mi abuela era feliz y hablaba con Dios./Pero desde aquella tarde/no le dirigió la palabra,/nunca entendió eso de arrebatarle al hijo./Enmudeció,/mucho antes de cruzar a la otra orilla.”, su madre: “me plantaste jazmín/ y soy esta rama seca”, “Me soñaste tigre audaz/ y soy este animal herido”, “Aún así me amas./ Desde mis precipicios me amas,”, su tío Jorge: “¿Cómo leerte la sangre?”, “¿cómo indagar las cavernas/con los espacios llenos de ti?”, Arielito: “Apenas de niños, Arielito/supimos de la muerte”, “Y te recuerdo blanco y frágil/acostado en la mesa/ en un cofre como de flores”, “De niños, Arielito, supimos de la muerte./ a mí me dejó marcado/ para que la escriba.”

    Sus amores: “Amé a un hombre triste/ que encarcelaba golondrinas/en el invierno de sus ojos.”, “Me duelo/entre las espinas de mi cama.”, “Nos amábamos/sobre las uvas caídas/y era el vino rancio de la tarde/conjura y pecado.”, “Ahora aquí/ soy yo el que habla de desiertos/ de desamparo.”, “Yo amo a un hombre pez/ y soy hombre terrestre./ Me condena la asfixia./Lo condena mi aire, mi mundo de pájaros,”, “Me apenan los hombres/ que dicen amarme/ al caer la noche./ Me apenan más sus disfraces/ al salir el sol.”, “He saltado del agua desde pequeño/ y no hay peceras para mí/ no hay peceras.”

    Más allá de la exégesis individual, personal, que se centra en su propia trama vincular el autor se asoma y revela el dolor del mundo: aparecen poemas dedicados a los niños de Siria y Palestina, a Nemat Safavi, a Susana Trimarco y las Madres del Dolor, a las víctimas de las guerras, las Madres de la Plaza, nuestros desaparecidos y víctimas en general: “Los caídos/ nos gritan desde el fondo/ donde padecen frío,/abandono, sed,/ ausencia de Dios”. “Los devastados/ caminan entre los derrumbes,”, “Los devastados son apenas silencio/ entre tanto ruido.”

    Con algunas visiones muy personales “La vida es una fiesta de navidad/ que dura tan poco/ demasiado poco.”, el autor avizora su propia muerte: “De zinc quiero mi última casa/ para volver al niño/ y ser murmullo.”, “Cuando pregunten por mí, digan que…”, “Si preguntan por mí, digan que siempre defendí mis alas/y mi cansancio.”

   Hay un vaivén permanente entre la vida y la muerte, el niño y el hombre, el nativo de Mocoretá y el exiliado en Buenos Aires, el animal caído en su sombra triste, este animal herido, “Exiliado del dolor de mis abuelos/ de la huerta de mi padre,”, “Exiliado./ Ahora el acertijo que soy/ no tiene retorno.”

   Hay una dialéctica pendular entre el agua y la tierra, el niño ahogado en el fondo del río, los duendes de la siesta, las imágenes naturales: aromas a glicinas, mandarinas, jazmines, las estrellas de la noche, la madre que llora al ver al pescador, el pescador que llora cuando pesca, el pez que salta del agua y no puede volver a ella, ese hombre-pez, al que condena mi aire. El niño “que se zambulle/ y se transforma en pez/ y baila en el fondo.”, “En su fondo/ un niño duerme/ esa eternidad de camalote violeta./Le arrulla su nombre/ su nombre de río/ Mocoretá, Mocoretá, Mocoretá./ En su fondo/ un niño duerme.”

    Celebro esta reedición de Terrestre, bellísimo libro de poesía, que nos permite entender ese “lugar en el mundo”, tan propio de su autor, Gustavo Tisocco, ese lugar desde donde escribe y en el que se inscribe.

                                                                              

Mariana Miranda                  

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miércoles, 29 de octubre de 2025

Palabras de ALFREDO LEMON en la presentación de TERRESTRE 2da Edición

 


“LA POESÍA ES UNA CELDA DE LUZ QUE NOS MUTILA”

                                    

Autor esencial de nuestra poesía contemporánea, Gustavo Tisocco nos comparte en esta instancia, la segunda edición de Terrestre*, un conjunto de poemas que dio a luz hace doce años y en los que aborda temas que lo interpelan y recorren su obra. El recuerdo de su infancia en Mocoretá, Corrientes, la cercanía con sus familiares queridos, la fugacidad de las cosas, la naturaleza y el paisaje de aquel momento se presentan y proyectan todavía porque: “En su fondo/ un niño duerme/ esa eternidad de camalote violeta…/ Le arrulla su nombre/ su nombre de río/ Mocoretá/ Mocoretá/ Mocoretá…/En su fondo/ un niño duerme”. 

De esa nostalgia reparo en un texto dedicado a su abuela Rosa en donde apunta: “Sin hablar me cuenta/ de su pueblo lejano/ de la niña que fue/ de su madre pequeña…/Ella reza y reza/ y no entiende por qué Dios/ le arrebató al hijo. /Ella enmudeció aquella mañana/ y yo aprendí a escucharla/ desde su tristeza”. Y otro más, destinado a su tío Jorge, quien lo acercó a la literatura y advirtió su temprana condición de poeta: “¿Cómo hacer ahora para buscarte/ si no hay rincones ya, / no viento ni fotos en los andamios? / ¿Cómo leerte la sangre/ si no escribes con mi mano/ y brotan en la tarde/ lágrimas que denuncian que te has ido? / ¿Cómo Jorge/ repetir tu nombre/ y saber que no vendrás, / que no acudirás a esta voz que te busca? / ¿Cómo?”. 

Hay también unos renglones delicadísimos ofrecidos a su madre, que con tono íntimo refieren: “Madre/ tú me plantaste jazmín/ y soy esta rama seca. /Me alimentaste paloma/ y no pude ser más que jaula. /Me soñaste tigre audaz/ y soy este animal herido/ que olvidó hasta su nombre. /Tú me diste el pan, /tus pechos generosos/ pero mi boca/ no pudo saciar su hambre. /Aún me amas. /Desde mis precipicios me amas, /desde mi cuerpo gris, /desde mi grito, / tú, madre, /me amas”.

 

El deseo cabalgando lo que es y lo que será

 

Desde los primeros renglones del conjunto, el creador le habla a la poesía reconociendo: “Me enseñaste las palabras/ para que derramen en mi boca/ como sandía madura/ y crecieron en ellas tempestades/ boas y gaviotas. /Me diste de tus manos/ las líneas de la suerte y fui rehén/ de tus trazos de tinta. /Crecí leyendo a Kavafis y Alejandra, / aparecieron así los techos rojos/ los viajes galácticos/ y las verdades. / Me contaste de muelles y extravíos, / de jaulas y esmeraldas, / de un espantapájaros/ de la claridad. / Me enseñaste las palabras/ que hoy escribo/ y me salvaste”. 

Asoma asimismo el tópico del amor, con sus vaivenes y sombras, encuentros y despedidas. Nítidamente describe esas vivencias en sus versos: “Amé a un hombre triste/ que encarcelaba golondrinas/ en el invierno de sus ojos. /Un hombre que escondía un país, / un continente lejano. / Le gustaba hablar de los desiertos/ de una bandera flameando ante su desamparo/ del desarraigo. / Amé a ese hombre, fruto maduro / con el que embriagaba mi calma, / laberinto en el que me extraviaba, / me descubría. / Pero su tristeza fue horizonte, / velero y perro asustado. / Ahora aquí / soy yo el que habla de desiertos/ y de desamparo”. 

Concisa y extremada, la palabra y el sentimiento se engarzan y palpitan página a página con música y pasión prolija y vívida: “Nos amábamos/ sobre las uvas caídas/ y era el vino rancio de la tarde/ conjura y pecado. / Todavía bebo el vino aquel/ pero extravío el aroma dulzón/ de tu piel sedienta. 

Imágenes y pensamientos, párrafos frescos y sensuales enuncian un lenguaje maduro y sugerente: “Después de todo me desnudo y salto el muro…”. / “Y volverá el desierto a ser mar./ Cobras y lagartijas rondarán aladas/ bajo la atmósfera azul”. 

Orfebre riguroso, Tisocco pule metáforas, talla situaciones y añoranzas de exquisita belleza: “Ya no seremos amor /ni tendrás las mejillas sonrojadas/ ni el suave temblor…/Ya no somos amor/ y duele esta certeza de olvido y silencios, /esta armadura/ el veredicto”.

 

Vigor y rigor ante lo circundante

 

Igualmente, en el devenir de lo escrito se enuncian sentencias justas,

definiciones delicadas: “Los niños de la calle huelen a jazmines.”. “La vida es una fiesta de navidad/ que dura tan poco, demasiado poco”. “Morir debe ser una proeza”. “El hombre es flor cobijando vuelos”. 

De la misma manera cabe resaltar una toma de posición respecto a lo político social circundante que se refleja en la empatía de Gustavo con los más sufrientes. “Me duelo/ entre las espinas de mi cama. /El tiempo espabila hormigas sobre las cicatrices. /Despoblado de mí/ entrego lo que queda. 

Aparecen situaciones en las que critica las injusticias históricas que atraviesa y que, como testigo cultural denuncia: “A las madres del dolor”: “Esa mujer deshabitada lleva una foto en el pecho, /un rostro, un niño gritando, /sobre su sombra herida. /Esa mujer delgadita y pequeña/ es nube tenaz sobre el desierto, / brillante luz sobre la bruma”. 

Lo dicho se corrobora ampliamente en un magnífico poema dedicado “a los niños y niñas de Siria y Palestina”: “Viven entre tanques de guerra, /cuerpos acribillados, /sangre, olor a sangre. /Matan a sus madres, a sus padres, /y a sus perros. / Ellos no saben de noches silenciosas, /de almuerzos en familia/de elecciones. / No hay flores en los campos minados, /apenas cantan los pájaros/ apenas el viento. /Nosotros observamos la tragedia, /y escribimos/ y olvidamos”. 

Talentoso, el autor maneja con pulcritud y solvencia los recursos literarios que lo respaldan. Su precisa alquimia demuestra un estilo excelso, profundo y perspicaz: “Me gusta este sentirme sal, /ínfimo cómplice del enigma”. 

Bravío en su decir rebelde, plantea: “¿Lucifer merecería el destierro? / He visto niños con hambre, / ausentes sin nombres, /elecciones crucificadas, /lenguas sedientas de fuego, /que dudo, /si el ángel descarriado, /no sería hoy /un desaparecido más/ en la lista de los treinta mil”. 

La exploración del lenguaje en varias direcciones se cumple con independencia total. Allí se juegan tanto los vocablos elegidos como los silencios que se producen, su combinación de ritmo, respiración y dicción que ofrecen equilibrio y rigor de pulimento. Porque esta escritura se encuentra alejada de la grandilocuencia y del fácil sentimentalismo. Se brinda con destreza, naturalidad y rotunda vibración: “Te perdí/ y tengo hambre/ y tengo sed, / relojes muertos/ pernoctan mi noche/ -esos que sólo sangran, que sólo duelen-. /Te perdí/ y se fue la música/ todo es apenas un rincón/ en el lugar gris en donde habito, /instante preciso en el que me flagelo. /Te perdí y no hay sombras/ acaso un mínimo hueco del insomnio, /acaso apenas una brisa en mi frente. /Te perdí y me perdí, /soy ahora estatua de sal, / anzuelo oxidado”. 

Poseedor de una gran fuerza lírica de honda raíz existencial, manifiesta: “Por surcos desiertos/ descubrimos la sed. /El agua calmará la osadía. / Aún así retornaremos /al hechizo de aquel destello/ hasta sucumbir”. 

Concluyendo, transcribo unas líneas que perfilan cierta metafísica interrogante: “Borde y abismo. / ¿Dónde estará Dios? / ¿Dónde la fruta que mordimos?”. 

Notable y sensible, como lo prueba esta muestra, se trata de una voz destacada y comprometida: “Si preguntan por mí digan siempre que defendí mis alas y mi cansancio”.


Alfredo Lemon                                                                                                                                         

                                             

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*Vela al viento. Ediciones Patagónicas, Comodoro Rivadavia. Octubre 2025

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