Palabras de MARIANA MIRANDA sobre TERRESTRE 2da Edición
Sobre “Terrestre”, de Gustavo Tisocco
Con los pies muy
bien puestos sobre la Tierra, tal cual señala su título, en este libro Gustavo
Tisocco nos devela todos y cada uno de los mundos en los que el mismo poeta ha
volcado sus amores: Mocoretá, su pueblo natal: “Mi pueblo es la perla del
Sur,/Virgen de Itatí, fiestas de navidad/y duendes despertando en la siesta.”, “Mocoretá cuna de
mis ancestros./ Tumba en la que descansaré/ bajo un manto de belleza.”, su
abuela: “Mi abuela era feliz y hablaba con Dios./Pero desde aquella tarde/no le
dirigió la palabra,/nunca entendió eso de arrebatarle al hijo./Enmudeció,/mucho
antes de cruzar a la otra orilla.”, su madre: “me plantaste jazmín/ y soy esta
rama seca”, “Me soñaste tigre audaz/ y soy este animal herido”, “Aún así me
amas./ Desde mis precipicios me amas,”, su tío Jorge: “¿Cómo leerte la
sangre?”, “¿cómo indagar las cavernas/con los espacios llenos de ti?”,
Arielito: “Apenas de niños, Arielito/supimos de la muerte”, “Y te recuerdo
blanco y frágil/acostado en la mesa/ en un cofre como de flores”, “De niños,
Arielito, supimos de la muerte./ a mí me dejó marcado/ para que la escriba.”
Sus amores: “Amé a
un hombre triste/ que encarcelaba golondrinas/en el invierno de sus ojos.”, “Me
duelo/entre las espinas de mi cama.”, “Nos amábamos/sobre las uvas caídas/y era
el vino rancio de la tarde/conjura y pecado.”, “Ahora aquí/ soy yo el que habla
de desiertos/ de desamparo.”, “Yo amo a un hombre pez/ y soy hombre terrestre./
Me condena la asfixia./Lo condena mi aire, mi mundo de pájaros,”, “Me apenan
los hombres/ que dicen amarme/ al caer la noche./ Me apenan más sus disfraces/
al salir el sol.”, “He saltado del agua desde pequeño/ y no hay peceras para
mí/ no hay peceras.”
Más allá de la
exégesis individual, personal, que se centra en su propia trama vincular el
autor se asoma y revela el dolor del mundo: aparecen poemas dedicados a los
niños de Siria y Palestina, a Nemat Safavi, a Susana Trimarco y las Madres del
Dolor, a las víctimas de las guerras, las Madres de la Plaza, nuestros
desaparecidos y víctimas en general: “Los caídos/ nos gritan desde el fondo/
donde padecen frío,/abandono, sed,/ ausencia de Dios”. “Los devastados/ caminan
entre los derrumbes,”, “Los devastados son apenas silencio/ entre tanto ruido.”
Con algunas
visiones muy personales “La vida es una fiesta de navidad/ que dura tan poco/
demasiado poco.”, el autor avizora su propia muerte: “De zinc quiero mi última
casa/ para volver al niño/ y ser murmullo.”, “Cuando pregunten por mí, digan
que…”, “Si preguntan por mí, digan que siempre defendí mis alas/y mi
cansancio.”
Hay un vaivén
permanente entre la vida y la muerte, el niño y el hombre, el nativo de
Mocoretá y el exiliado en Buenos Aires, el animal caído en su sombra triste,
este animal herido, “Exiliado del dolor de mis abuelos/ de la huerta de mi
padre,”, “Exiliado./ Ahora el acertijo que soy/ no tiene retorno.”
Hay una dialéctica
pendular entre el agua y la tierra, el niño ahogado en el fondo del río, los
duendes de la siesta, las imágenes naturales: aromas a glicinas, mandarinas,
jazmines, las estrellas de la noche, la madre que llora al ver al pescador, el
pescador que llora cuando pesca, el pez que salta del agua y no puede volver a
ella, ese hombre-pez, al que condena mi aire. El niño “que se zambulle/ y se
transforma en pez/ y baila en el fondo.”, “En su fondo/ un niño duerme/ esa
eternidad de camalote violeta./Le arrulla su nombre/ su nombre de río/
Mocoretá, Mocoretá, Mocoretá./ En su fondo/ un niño duerme.”
Celebro esta
reedición de Terrestre, bellísimo libro de poesía, que nos permite entender ese
“lugar en el mundo”, tan propio de su autor, Gustavo Tisocco, ese lugar desde
donde escribe y en el que se inscribe.
Mariana Miranda
Etiquetas: Libro Terrestre



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