martes 16 de junio de 2009
jueves 11 de junio de 2009
Regalo de Lidia Carrizo
Esta humilde manera de referenciar a quien considero
HUMANO ante todo y persona generosa ! ...
por amor a la Poesía ... que es la Vida! .
...............Lidia Cristina Carrizo
Una Huella ...
dedicado al Dr / escritor / poeta
Gustavo Tisocco
Un paraíso de vida, para tus huellas.
Ése, en donde el sabor de tu infancia,
navegó tus tardes en ánforas de sueños.
De ojos relucientes y barrilete a campo abierto.
Escondiendo tu paraíso entre la hierba fresca.
Un mismo cielo para el rostro enfermo, dolido,
curando la dureza de la piel más endurecida.
El color intenso como tus días y fatigas,
como la sangre torrencial, embriagando,
tus venas errantes, desnudando al Poeta.
Tus piés, tus raíces, alcanzando a cielo abierto
sus estrellas una a una, gastando tus zapatos,
en la lluvia torrencial de la esquina o en evadido
juego de las risas y a escondidas de la vida.
Para hallar la razón, de ser y del sentir,
del rojo intenso, de la rosa y sus espinas.
LIDIA CRISTINA CARRIZO
Poema de Diana Espinal para Gustavo Tisocco

Al Poeta: Gustavo Tisocco.(Argentina)
ERES:
Eres consistente ardor atildado
y
sonido dubitativo de ocres andamios
Eres
el poeta injerto en los espejos
fumador de venas plomizas que hace esbozos de brújulas campanas
Eres
gigante soledad que no encuentra su risa
Eres
escarcha de alcázar
hueso sobrio en bálsamos en donde siembras tus muelles.
Diana Espinal Meza.
Foto: Horacio Farroni
viernes 8 de mayo de 2009
viernes 27 de marzo de 2009
Palabras de Irene Marks Noble

Gustavo: te quería comentar tu libro PINTAPOEMAS. No hablaré de las imágenes sensuales porque ya se refirió a ellas con mucha certeza Susana Fernández Sachaos en tu presentación. Los que me impresiona en este libro es el sentido de entrega cósmica ("ofrezco mi piel a la negra noche"), un reconocimiento de la vida que nos rodea y celebración de la naturaleza("flores agitándose al viento son sus gemidos") porque "el verde lo rodea todo".
La sugerencia de lo efímero, la reiteración de las "alas" que todo lo pueblan ("la vida se resume/en el compás de aquellas alas") y se utilizan en contextos diferentes "Aún así mantendremos las alas", ya sea para expresar lo transitorio y frágil, como Ofelia("frágil colibrí de transparentes alas" ) o para expresar la fuerza de las convicciones más allá de la muerte "una bandada de libertad será el vuelo". Sintetizando, hay un auténtico sentido de la profundidad mística del cosmos, de la consecuencia del más mínimo acto sobre todos los otros como si se pusiera en movimiento una cadena de acción impulsada por lo aparentemente individual:"Un áspid es condenado mientras en el cosmos brilla una estrella".
Unido a este sentido místico del Universo, está el con-moverse con lo marginal, el ponerse en lugar del otro, la visón ennoblecedora de lo feo, en el poema el Pantano” sólo ella con su capa azul calma su agonía"
Un libro de honda visión más allá de lo aparente.
Gracias por regalarme PINTAPOEMAS, que como ves, disfruté enormemente.Besos Irene Marks
martes 24 de marzo de 2009
Leyendo un poema de PINTAPOEMAS "Poeta muerto llevado por un Centauro (De una pintura de Gustave Moreau)"
Del libro "Pintapoemas"
domingo 22 de marzo de 2009
Prólogo de Susana Fernández Sachaos sobre "PINTAPOEMAS"

... Gustavo Tisocco conjuga en Pintapoemas, las impresiones visuales que le han provocado una serie de cuadros de famosos pintores y los versos que traducen esa paleta colorida.
... El arte es palabra, por tal razón se trate del poeta o del pintor flotará siempre una lectura poética, transformada en obra por el artista, porque ambos, poeta y pintor han podido extraer la esencia de sus sensaciones, iluminar tanto sus experiencias de vida como las imágenes atesoradas en su imaginación, para finalmente encadenarlas por el vínculo de una alianza de palabras.
... Cuando el autor expresa en el poema Adán (inspirado en una obra de A. Durero) […] “Pero el color rojo de la fruta / quedó prendido a tus labios […] nos invita a transitar la sensualidad que habita en toda la construcción de este poemario. Lo sensual entendido no como un apetecible juego de los sentidos sino como una acumulación imaginativa de vivencias profundas que van reuniendo visiones desde el olfato - dice el poeta en Malvarrosas y otras flores en un jarrón (pintura de Van Huysum): “[…] un florero posterga la agonía/ mientras la dama impune olfatea ocasos.”Desde el gusto, en el poema Las edades de la mujer y la muerte (pintura de Hans Baldung Grien) nos ofrece la desmesura de “[…] tú, joven e intrépida, /devoras la fruta. […]. Desde un oído que acapara sonidos primitivos en los versos de El Pantano (pintura de Van Ruysdael): “[…] Aún así, lo más terrible/ son sus gritos en la noche, /en el día, en su atmósfera.”
... Pero es desde la vista, la gran abarcadora de imágenes, que Gustavo Tisocco nos propone el camino bello e intenso de sus poemas. Lo hace desde el lugar de la poesía y la pintura, desde la pluma y el pincel. Él pinta estos poemas y canta a los pintores que lo inspiraron con sus lienzos. Canta con las sombras de la noche y los naranjas de las amapolas al aire libre. Dice en La muerte de Cleopatra ( pintura de Johann Liss : “[…]nunca más veremos florecer amapolas.”[…]
... Creo, utilizando palabras del exquisito erudito en Bellas Artes, Osvaldo Svanascini, que Gustavo Tisocco sería capaz como Hokusai, de “emigrar hacia un árbol plantado en el aire, encontrar una risa en un plato, una palabra dentro de una campana o una arruga tanto en el entrecejo de un anciano como en la piel de un demonio, […] y tener la suficiente rebeldía como para desafiar los hechos de todos los días y saber encontrar los resortes del sueño.”
Susana Fernández Sachaos
viernes 27 de febrero de 2009
Regalo de Victoria Asís

Dedicado
A Gustavo Tisocco
Quizá porque sólo me lees,
quizá porque sólo me escuchas levitas
tu sentir y lo que intuyes lo crees bello.
En mi universo, tosco y huraño tu presencia
es la que irradia luz,
iluminando mis abismos, mis despertares.
Como otro Midas, conviertes en palabras los silencios
y mis desvelos.
Juegas con los signos y los ritmos, trovador de mis
nostalgias.
Deja que emerjan tus acentos,
que destilen caricias sonoras y disfumen
mis disonancias. . .
Victoria Asís
Gracias Vic...! Un abrazo Gus.
viernes 30 de enero de 2009
Regalo de Darío Shnitz basado en mi libro "Desde todos los costados"
Un costado mío
.............A:Gustavo Tisocco
I
Sentí como mordías
el níspero azul
en un jardín
con árboles trébol.
y de una hamaca
sin cuerdas, ni cadenas
leía tus venas
trasformadas.
II
Hay vida
en tus ojos,
dejaste crear
al niño-hombre.
desfigurando
a esa dama
dormida en un altar
de letras,
cocidas para tu piel.
III
Las campanadas
de mi barrio,
desnudan a todos
mis hombres
conociendo tus poemas,
yo elijo uno,
para cada uno
de mis ellos.
IV
Recuerdo de un alguien.
Reanimo al piso escrito,
relaciones de humanos
son frutas perdidas.
V
Mis impulsos
en tus páginas
sabrán aun escribirte
"desde todos los costados"
Dario Shnitz
miércoles 14 de enero de 2009
Palabras de Graciela Bucci sobre "Desde todos los costados"

Gus;
leí y releí “Desde todos los costados”; y siento que debo darte las gracias por acercarme el libro, me acercaste también, a través de él, parte de tu honda espiritualidad.
Son poemas de gran intimidad, hay en ellos apetencia por encontrar designios y consecuencias, y la exaltación de esa relación irreductible que existe entre el pensamiento y el lenguaje poético.
Abordaste, con belleza y destreza, todas las emociones posibles que brotan desde versos con un ritmo marcado, paralelismos, asimetrías, resonancias que impactan y esa perfección que trasciende en metáforas como:
“Mientras en las ramas
envejecen los trinos
y el barrilete ya no habita el cosmos…”
Pude recorrer, sin pausa, diversos climas de la mano de tu palabra: la evocación, el dolor, la añoranza, la reivindicación, la esperanza, el fatalismo, el amor, la desesperación.
Cómo no dejarme conmover, por ejemplo, por estos versos:
“tu piel de dueño
hizo de la mía
ofrenda, candoroso goce”...
Nada parece dicho solo para cumplir con el lenguaje poético, cada palabra ocupa el lugar exacto, preciso, que da al poema su sentido y su estética.
Son estos, Gus, poemas en los cuales se destaca el compromiso emotivo, la fuerza, el desgarro, la observación desde el núcleo conflictivo.
Hay un claro homenaje en algunos versos, en los cuales sacudiste estructuras, movilizaste historias, te permitiste gritar el desamparo:
“Partiste dejando el tendal de ropas
tus anteojos en la mesa,
tu misteriosa culpa.”
“Desde todos los costados” tiene una unidad muy lograda, invita a la participación y la relectura, recuerda que, detrás de cada verso hay alguien que ha vivido con todo lo que ello implica en términos de sufrimiento y dicha.
Gracias por compartirlo.
Un cariñoso abrazo,
Gra Bucci
Enero 2009
viernes 12 de diciembre de 2008
Palabras de Ana Guillot en la presentación de "Corazón de níspero"
Video/fragmento de las palabras de Ana Guillot
Un sediento pez (o alguien que se parece al Marqués de Carabás):
Acá hay un viajero, un lector, un cronista. Hay también un niño, telúrico, infinito. La infancia estuvo ahí, y ahora quedó pegada al corazón. Níspero que tiñe de amarillo hasta los dolores más tensos. Oro, habitando ramas y jolgorios. Sol, redondito y pequeño. La curvatura del enigma se abre, mide diez hectáreas, incluye cometas y molinos; vuelos de colibrí, o de perdiz “entre los pastos”. En el espacio idílico de esa infancia, el Gato con botas promete aventuras y riesgos: ha de demostrar que la herencia es un tesoro (y lo será): el abuelo, que se aduerme (antes de que lo roben los piratas); la abuela, que cuenta (fábulas de ratones y fantasmas); el hermano, trampolín para llegar al juego y al monte (“sacramento de manos entrelazadas”). La madre empieza a parir o acaricia; y el padre es, siempre, el héroe principal. Todos ellos son dueños de su canto, del canto de ese niño. En este nido hay olor a humus, tierra fértil, un canto junto al río; y, sobre todo, una perennidad inmune.
En algún momento, el pequeño se convierte en viajero y se aleja, “porque Dios le ha prometido alas”; y el espacio pasa a ser un exilio del terreno acotado y feliz, de la tibieza. En el naufragio, es menester animarse a las despedidas, a cruzar la frontera: ¿entre el terruño y la ciudad?, ¿entre el juego y la vida (la posible hostilidad de la vida)?, ¿entre la juventud y la madurez? El hombre exiliado recuerda con nostalgia, pero asume los desafíos; cruza portales, y gana en certeza y humedad. Desde sus propios costados, el viajero avanza, ama, llora, indaga, apasiona; se extasía de sed y de cansancio; no teme los saltos al vacío, ni las contradanzas; ni lo que, afuera, puedan generar dichas contradanzas. En el camino, cada piedra “acaricia sus pasos, su sombra”. Desde su intensa raíz, la intimidad aflora como un campo en el que la persistencia logrará nuevos jardines, a fuerza de sembrar y florecer.
A partir de los otros, asoma el costado más dolido: las botas ahora asustan, los ríos esconden lápidas acuáticas; la casa de al lado tiene paredes que aúllan (“seguro que algo pasa allá, que algo ocurre”); y el grito de los goles no atenúa, no enmudece lo que la carne entiende y abroquela. El ser social del autor rasga la tarde como un cortaplumas filoso. Es entonces cronista, dolido y perentorio. Gustavo Tisocco no está exiliado de sí, pero conoce el peso del alejamiento; y se conduele con los exiliados afuera-ajenos, aunque íntimos también. En medio de ellos, como una gruesa amenaza, el inquilino (antes ogro o dueño del castillo; siempre sojuzgante), se solaza en su mezquindad, en el que cree que es su destino heroico. El inquilina juzga y discrimina lo que percibe diferente. El inquilino es un gigante (o una hiena, o una serpiente en el patio) que habita el cuerpo social. Que se esconde detrás de un cristal; siempre detrás del balcón, protegido. Este dejà-vu crispa. Es necesario delatarlo.
El tercer espacio, el medular, es el del corazón: de níspero, dice. Allí vuelven a habitar (siempre habitaron) los espacios blancos de la infancia: madre, padre, mañanas a recobrar, música. Allí vuelven a habitar (siempre habitaron) los cuentos infantiles, sus castillos; y el rey pez, en su montaña acuática. El autor dice que hay un niño que no retorna; yo sé que ese niño no es él. Porque él (resciliente o suicida), mira, cuida la casa; sostiene el asombro, la benignidad, la inocencia más vertebral, la mejor. Deja que lo “atraviese el viento”. Ama (“colmenas en el pelo del amado”), sostiene su anhelo (lo ha sostenido, “clava allí sus banderas”). Si hasta en el fondo del mar “florecen jardines”, no parece improcedente suponer (desear) que el carozo del fruto esté intacto.
Estos poemas, extraídos de su libro “Desde todos los costados” invitan al oyente a recorrer su mismo trayecto, sus vicisitudes. La palabra, en su oralidad, fluye; pero golpea. Parece amable, pero es honda. Las imágenes son remitentes al más puro fulgor o a sonidos coloidales, escombros de lo que la humanidad quiere soslayar y no puede. Se impone la voz, desnuda, por encima de la musicalización; y, de a ratos, emergen los sonidos de la naturaleza o los silencios que, en este formato, adquieren una dimensión tan frontal como la del sonido. La palabra dicha (y no leída) es un murmullo, o un grito. Una conversación en la que quien monologa nos tiene, como mudos interlocutores, contra las cuerdas. Mientras escuchamos respiramos al unísono, y callamos. Pero nunca permanecemos indiferentes. Cuando hay poesía, el efecto del imaginario nos puebla de igual modo, sea oral o escrito. Cuando hay poesía, siempre es octubre; y el barco retorna al niño, lo resucita (creo igualmente, repito, que siempre estuvo allí). No ha sido fácil para el hombre volver a trepar las ramas gruesas y lanosas, los resplandores. Sin embargo, ahora, en el resumen del tiempo, la nada es felicidad, y huele a níspero. Desde todos los costados (amoroso, conciencia o intimidad), el beso detenido es una gloria, y es allí, exactamente allí, donde “siempre anidan los pájaros”.
Ana Guillot
jueves 11 de diciembre de 2008
Palabras de Luis Benítez en la presentación de "Corazón de níspero"
Video/fragmento de las palabras de Luis Benítez
PRESENTACION DE “CORAZON DE NISPERO”, de GUSTAVO TISOCCO, Teatro General San Martín, 10 de diciembre de 2008.
En la isla de Malta, en el Templo de los Caballeros de San Juan, hay muchas pinturas. Una de ellas, es fundamental para la historia del espíritu occidental. Lo es, porque marca exactamente el antes y el después de un cambio decisivo. Se trata de una gran pintura, por su importancia antedicha y también por sus dimensiones estrictamente físicas. Su título es “El degüello de San Juan Bautista” y marca el cambio de la sensibilidad renacentista a la decididamente moderna. Fue pintada por un exiliado, un prófugo llamado Caravaggio (en realidad se llamaba Michelangelo Merisi), apenas comenzado el siglo XVII. Durante su breve vida, fue contemporáneo y probablemente no lo supo, de Miguel de Cervantes Saavedra, Luis de Góngora, Lope de Vega y William Shakespeare. “El degüello de San Juan Bautista”, como tantas obras maestras, fue pintado por obligación y, más discretamente, por encargo. Caravaggio necesitaba ser nombrado Caballero de San Juan para quedar impune de algunos crímenes, pocos para su tiempo, que le habían sido adjudicados en Italia, algunos de ellos no sin razón cierta. Era un gran artista y además, un notorio criminal. Este asesino que cambió la sensibilidad de su tiempo, que de alguna manera mató lo que sentían hasta entonces sus contemporáneos, en aquella tela enorme que pintó apurado por la amenaza de la horca, registró el cambio de un tiempo anterior, el que había reflotado la idea de una belleza ya despojada de sus disfraces sobrenaturales, religiosos –una idea, por otra parte, exhumada de la antigüedad clásica, la de aquel cambio propiciado por el Renacimiento- por una idea nueva de lo que debía mostrar el arte de allí en adelante.
“El degüello de San Juan Bautista”, en tamaño natural, nos muestra una celda lúgubre, donde un sicario brutal le corta el cuello a un santo, mientras un guardia vela porque se ejecute la sentencia, otro hombre se espanta del crimen al que asiste obligado y una anciana se horroriza del acto del sicario. Ninguna de las dos últimas figuras puede hacer nada para que la sentencia contra el profeta de un nuevo tiempo y de un nuevo hombre no sea implacablemente cumplida. Se trata del avasallamiento de toda razón y justicia, de toda idea de belleza ética –ya que la ética implica en sí misma una idea de belleza moral- abatida por el poder fáctico. La muerte de un profeta, San Juan Bautista -nada menos que el anunciador del más grande profetizador que reconoce Occidente- no puede ser evitada por las dos personas de bien que, al menos, podemos reconocer en la escena. Y también, se trata de una profecía: el advenimiento del “tiempo de los asesinos”, situación sintetizada por Rimbaud, repetida por Rimbaud, algo más de dos siglos después, buena muestra de la importancia y la vigencia posterior del aviso apresurado de Caravaggio.
Todos los que escribimos hoy, somos descendientes de esa visión de Caravaggio, plasmada en “El degüello de San Juan Bautista” apresuradamente, con la cuerda prácticamente al cuello. Sólo que para él, que murió tan joven, alcanzó con plantear en un cuadro genial el corte, la fisura, el cisma entre una sensibilidad anterior y otra con futuro.
Nosotros, la posteridad de Caravaggio, tuvimos la tarea de seguir mostrando qué espacio, entre el horror, podía seguir ocupando la belleza, después de que el Caravaggio nos mostrara que se podía mostrar al mismo tiempo el horror y la plasticidad de su belleza. Ya no pudimos, como antes, invocarla en estado puro, como simple y escueta belleza. Tuvimos que apelar a nuestros mayores recursos para pintar un mundo donde tuviesen su espacio tanto el horror como la belleza y, también, toda la escala de grises entre ambos extremos.
Es por ello, por esta tarea tan difícil, que leer un libro u oírlo, como es el caso de “Corazón de Níspero”, de Gustavo Tisocco, obliga primeramente a escuchar cómo el autor da cuenta de tan complicada tarea.
Ser un autor moderno, o si prefieren hablar del arrabal y consecuencia de la modernidad, un autor posmoderno, no es tarea fácil. Además de la que encomillo adrede “pesada herencia de Caravaggio”, uno tiene que dar cuenta de otras deudas. En principio, tiene que hacer una delicada elección de los recursos estilísticos que va a emplear. Debe optar entre un sinnúmero de discursos posibles y, lo que es aun más complicado, debe realizar una síntesis de los mismos para adquirir una voz propia.
Al abordar los textos de un autor nuevo, uno no puede entonces menos que hacerse unas tremendas preguntas: ¿Cómo lo hizo él? ¿Cómo se las arregló para lidiar exitosamente contra tales exigencias? ¿Cuál es el camino personal por el que optó? Desde luego, a fuerza de ser sincero, y poco político literariamente hablando –algo que ya es mi costumbre- tengo que decir que tanto en 1980 (el tiempo de mi generación) como en la actualidad, en calidad de lector, suelo ser defraudado por la propuesta de muchos pretendidos autores. Esto no es simpático, desde luego, ni ayuda a hacer amigos, también desde luego, pero si usamos a la poesía para parecer simpáticos y para hacer amigos, sería bueno que nos dedicáramos a otra cosa. Definitivamente a otra cosa, para bien nuestro, de nuestros semejantes y de la misma poesía.
Es mejor que nos quedemos con la poesía que sí responde a estas exigencias, que son sólo algunas de las tantas que tiene el género en nuestro tiempo, y que prefiramos dejar a lo que no es poesía en la caja siempre llena de los buenos o regulares o malos intentos, tal vez bien intencionados, pero no acertados intentos.
Cuando me invitan a presentar a un autor, si no me gusta lo que escribe, tengo cómo fundamentarlo, pero prefiero no aceptar la invitación, argumentando algo falso pero cordial; será preferible siempre que sea así.
Por el contrario, presentar a un autor que nos interesa siempre será algo similar a una fiesta, similar a un buen momento –eso es lo que recordamos al hablar de él- un buen momento que es el de la lectura, el de las varias lecturas, que hemos hecho de él. Las palabras de un autor respecto de otro, siempre son las palabras de un lector agradecido. Presentar los textos de un autor que nos gusta, es una forma de agradecer lo que ha hecho por nosotros: nos brindó, generosamente, una buena linterna para ver un camino nuevo que atraviesa la bifurcación del arte y la literatura occidental presentada apresurada y exactamente por Caravaggio y todo su desarrollo posterior.
Leyendo a Tisocco, escuchando sus poemas en la voz de Orlando Carrafiello, encontré que había otra forma además de las que ya conocía, para evidenciar la belleza en medio del horror, cuando un autor tan sensible e inteligente como nuestro poeta nos brinda el atajo, la senda trasversal, una nueva manera de acometer la hoy ya vieja y siempre nueva empresa, la que cada autor de nuestro tiempo debe enfrentar, librado a las posibilidades y también a las posibles falencias de su propia voz.
Aprecié con el oído lo que leí, simultáneamente, con la mente: que el autor de “Corazón de Níspero” domina el preciso registro que lleva a entender que no son válidas las búsquedas exclusivamente porque respondan a algo tan difundido por lo que podemos llamar un tendencia imperante en nuestro tiempo entre los autores jóvenes; esa tendencia a “contar lo que me pasa adentro”, como si ése fuera el único valor posible. La poesía, ya sabemos, no tiene predilección especial por los sucesos acaecidos en las achuras del autor; más bien, lo que le sucede a quien la escribe la tiene muy sin cuidado, en cuanto no tenga relación íntima con lo que le sucede a ella misma. La poesía es autorreferencial: sólo le importa ella misma. Si no damos cuenta de lo que a ella le sucede, si sólo nos fijamos en nosotros, nos abandona rápida y muy notoriamente.
Tisocco evita este peligro del modo más difícil, pero también, del modo más efectivo. Tiende un puente entre lo íntimo y lo universal. Sabe qué le sucede a la poesía de nuestro tiempo y asimismo, no sólo qué le sucede a él, sino también, cuál es la relación entre ambos mundos, que son uno.
Lo difícil en cualquier era de la poesía, es hacer lo que hace Tisocco: mostrar el puente entre estos dos universos, porque se necesita del encuentro de ambos, para escribir un solo verso.
...................................GRACIAS.
Luis Benítez
domingo 7 de diciembre de 2008
Regalo de Darío Shnitz para mí.

Hola señor letra carne, esto es para tus letras.
.................. Acontece un entrever
..................indecente,
........música sin violines, ni pianos
........ ni guitarras, tampoco
........saxos-sexos.
........ solo un alguien
........ con el poema
........ extraído del manicomio
..............del pensar-penar celeste
complementándolo al lugar.
............ Sublimes bestias
........... pintadas oyendo
.......... imágenes dormidas
....... de los sentados.
El beso de la lectura
.. corta instantaneamente
.... a ese lector atroz,
....... como deseado
......... por un amor, placer
.......... no lindero al libro
............ aún no escrito...
Dharios (Darío Shnitz)
martes 18 de noviembre de 2008
Palabras de Horacio Gómez en la presentación de mi libro en Mar de Ajó

Presentación del libro “Desde todos los costados” de Gustavo Tisocco
”Mar de Ajó Marathónica de Poesía y Narrativa”. Noviembre de 2008
Fundación de Poetas “René Villar”
Estos bellos poemas de “Desde todos los costados”, asumen el riesgoso desafío de sacudir, despertar, encerrar y liberar todas y cada una de nuestras más profundas emociones. Y vaya si sale airoso.
No se puede ser indiferente a la poesía de Gustavo. Al tierno recorrido de su infancia, que nos introduce en un universo de árboles, siestas, jaulas, abuelos, princesas y caballeros.
A la soledad y la melancolía que dejan traslucir algunos de sus poemas.
Todo amalgamado en una perfecta galería por donde desfilan el amor, la muerte, fantasmas, ausencias, pájaros y hasta una vieja radio.
Descubrir su mundo interior, sus búsquedas, su pasado y su presente es, en síntesis, descubrir la poesía de la vida.
Quedan ustedes invitados.
Horacio Gómez
domingo 9 de noviembre de 2008
Palabras sobre mi libro de Elisa Dejistani

DESDE TODOS LOS COSTADOS DE GUSTAVO TISOCCO
Poseído y poseedor de una poética con sustancia, Gustavo Tisocco
se proclama “testigo y esclavo” de una palabra, que podríamos denominar con justeza, esférica, que abarca todo su universo de poeta y con su
magia lo transforma; como cuando dice: /"que me torne hueco dispone... que deje llover sobre mi cabeza todos los frutos"/.
Removedora de tabúes, su palabra horada en la piedra de
la infancia y de este modo nos restituye la inocencia.
En cada poema se intuye la gracia de una palabra carnívora, capaz
de ingerir, masticar y hasta tragar su propio silencio, para devolvernos
esa palabra inaugural, /"con duendes y niños y un abuelo robado por piratas”/.
Sin dudas, salvadora, es su palabra, consubstanciada con el próximo,
que no ignora el compromiso, ni es indiferente a la injusticia:
“Desde todos los costados”, una nueva entrega de Gustavo TIsocco, que mueve a la lectura y a la reflexión.
Cabe destacar por otra parte, el buen diseño de tapa y la curada edición.
Felicitaciones otra vez Gustavo
Un abrazo
Eli
jueves 6 de noviembre de 2008
Regalo de Marián Muíños

EL MÉDICO POETA
.............(dedicado al Dr Gustavo Tisocco)
¿Cómo no han de brotar lirios de tus yemas
si se nutren del pulso de la vida?
Diminutos e indefensos, te sonríen,
en sueños de metáforas neonatas;
el cuidado de tus manos son sus nanas:
primigenia poesía que respiran
dentro de oxigenados vientres cápsulas.
El trabajo del poeta es más noble
si se entrega más allá de las palabras.
© MARIÁN MUÍÑOS
Foto: Gustavo Tisocco
domingo 2 de noviembre de 2008
Palabras sobre mi libro de Elisabet Cincotta (para la presentación en Berazategui 02/11/08)
No hablaré como poeta que habla de otro poeta, ni como crítica literaria. Hablaré como lectora, y es que el poeta Tisocco nos muestra a Gustavo desde todos los costados, al leer y releer su libro encuentro una palabra que es base desde mí en sus escritos: deambula, pero este deambular no significa estar perdido, no tener motivo, este deambular va a cada rincón como queriendo rescatar cada instancia vivida , es así como Gustavo nos acerca desde su mundo a nuestro propio mundo, he aquí esa comunión que señala Octavio Paz del texto con el lector (Octavio Paz afirma que “el poeta lírico entabla un diálogo con el mundo; en ese diálogo hay dos situaciones extremas: una de soledad y otra de comunión”). Y es imposible no atravesar nuestro mundo y deambular de la mano de Tisocco por el suyo para desprendernos del poema y hacer nuestra la palabra.
La poesía de Gustavo tiene eso traspasa la frontera del texto para hacerse parte del lector, cuando cerré el libro mi vida había caminado tiempos paralelos, emocionantes tiempos, dolorosos otros, nostálgicos algunos pero siempre tiempos que merecieron ser vividos. Cuando lean Desde todos los costados no podrán dejar de transitar por lugares propios y ese es el valor de la buena poesía no solo admirar al poeta en su palabra sino tenerla para uno. Sin ninguna duda Gustavo es uno de los poetas que se destacan dentro de la literatura de nuestros tiempos. Los invito a leer este libro que los llevará al re-encuentro.
© Elisabet Cincotta
martes 7 de octubre de 2008
Poema/regalo de Jorge Estrella
Foto: Horacio Farroni
PRESENTACIÓN DEL LIBRO “DESDE TODOS LOS COSTADOS”
Un teatro en plena magia
de su luminosa media luz cósmica
nos alberga
y somos cómplices de varios sortilegios
presentados cada uno
por una inefable maestra de ceremonias.
Abre el juego la gitana Carmen
con su gracia y su amor voluptuosos
invadiéndolo todo,
hasta nuestros zapatos
y el silencio de los celulares apagados.
Enseguida
las palabras del autor convocante
pasan por las vísceras de una actriz y un actor
y quedamos navegando en el mar infinito
de una infancia con nísperos,
eucaliptus, Dios y lagartijas.
Más tarde, un hombre y una mujer
resplandecientes de verbo
y enarbolando afecto
analizan la esencia del naciente libro
que, según ellos, habla
del amargo itinerario del exilio.
Les llega el turno a la editora y al poeta
que suben su aunada gloria al escenario
y a él,
a la hora de los agradecimientos,
se le escapan profundas lágrimas
cuando nombra a los que lo aman.
Ellas (las lágrimas),
con su peso de emoción auténtica,
son conejos que salen de la galera
y las aplaudimos
como a un poema
o un aria.
A manera de postre,
un Gardel de este tiempo
resucita a Dios en bicicleta
y, entre todos, se la hacemos pedazos,
ahí, en pleno teatro,
hasta que Él se va de a pie
diciendo:
“que Yo los perdone.”
Por fin,
a medida que el autor
va firmando las dedicatorias,
de los libros van surgiendo a raudales
tesoros,
lo que despierta la codicia
de los piratas
que se roban, entre otras cosas,
al abuelo
que, durmiendo,
“podaba escalones y nidos.”
© Jorge Estrella
viernes 3 de octubre de 2008
Palabras de Marita Ragozza sobre mi libro.
He terminado de leer " Desde todos los costados ", y algunos poemas los he re-leído. Un neo-lirismo, si se puede llamar así, viene elaborando Gustavo Tisocco con su poética, donde la belleza ancla también en lo oscuro, en la fealdad ( " la pobreza transpira " )en la injusticia, páginas 96,97,98,99 y otras, pero sin olvidar la magia y ese estado de indefensión y sensibilidad a flor de piel y de palabra, que transmite el poeta. Quizás es lo que lo lleva a escribir.
Su infancia está reflejada en varios poemas como un país dorado que todavía es presente.
Las heridas, la muerte, la sangre, la fuerza del amor y la pasión, como también cierto miedo se hilan en imágenes propias del autor.
Lo cotidiano y lo que supone que hay del otro lado de este mundo, las fronteras delgadas de lo visible y lo invisible, la sed, las cicatrices se anidan en versos donde lo existencial siempre es una preguna y una búsqueda.
Felicitaciones a Gustavo que vive en estado de poesía. Imprescindible este libro porque desde un autor contemporáneo le pone el sello del Siglo XXI al lirismo.
Me voy con este verso:
" En el otro constado
siempre anidan los pájaros "( pág.104)
Además muy buena edición y excelente la obra de tapa.
Felicitaciones.
Un gran abrazo MARITA RAGOZZA
lunes 29 de septiembre de 2008
Palabras de Pablo Canavelli Sobre mi libro "Desde todos los costados" en la presentación de Paraná.
GUSTAVO TISOCCO
Desde todos los costados... ¿Desde todos los costados qué? Es la primera pregunta que surge desde el título mismo de este nuevo libro de Gustavo Tisocco.
Probablemente, una respuesta podría ser: las heridas del poeta que sangran las palabras desde todos los costados. O las lágrimas que se traslucen en los versos de amor desencontrados, o lastimados o exiliados. Y algo de ello hay en la melancolía que impregna el poemario completo.
También podríamos, casi arbitrariamente, suponer que la respuesta está en los versos de Constantino Kavafis que Gustavo eligió para abrir el libro “por todo lo que hice y dije/que nadie intente descubrir quién era”. A modo de conjuro. Como si quisiera protegerse de aquellos que a partir de la página siguiente van a posar su mirada en su interior. Como si nos pusiera un alerta de su desnudez, para que apartemos púdicamente la mirada. Pero paradójicamente conciente de que el lector prevenido, lo va a leer y a observar y a juzgar desde todos los costados.
Más, al dar vuelta la página y leer los primeros versos de Gustavo, inmediatamente nos sorprende con su nuevo camino: “El poeta es el gusano horadando la manzana hasta engullirla”. Aquí, es el autor el que observa el mundo desde todos los ángulos hasta deglutirlo y transformarlo. Entonces encontramos la mirada del autor desde
todos los costados, sin disimulos. Uno o varios objetos observados desde todos sus vértices y minuciosamente desarmados desde el verso. Así en el próximo poema leemos “Para escribir un poema de diez hectáreas / tendré que convocar a todos los peces / al mago que deambula en las noches / al aroma de pan horneado / a la espuma de mar”. Y dice en el mismo poema “Pondré el nombre de mi madre / los fantasmas de mi gente / una gota de río, la caricia del sauce”.
En otro poema “Una piedra / y todo el tiempo que fue” para cerrarlo diciendo “yo mortal destino, / la acaricio / y me la quedo”. Gustavo se adueña del mundo todo, para ser él poesía. Lo engulle para hacerlo carne y recrearlo a partir de él, a partir de su mirada, de su intuición, de su lenguaje, de sus palabras. Gustavo toma posesión de los objetos / sujetos externos, aprehende al amor, a los desaparecidos, a las madres de los desaparecidos, a los poetas, a sus amantes, a sus olvidos, a sus tristezas, sus dolores, su familia. El autor aquí nos propone la poesía mirando hacia el exterior, incluso en contraposición con su libro anterior “Paisaje de adentro”.
Y en este punto surge un tercer sendero: el autor que se mira a sí mismo desde todos los costados, como dice claramente en uno de los últimos poemas del libro: “Es en el costado de adentro / donde llueve la ausencia. / Ahí, en el rincón oscuro / del hueso encallado / donde la nicotina invade esferas / huecos distantes. / Donde me acurruco / y descorro los velos, / rompo los cristales, / araño el vértice. / En el otro costado / siempre anidan los pájaros.” Él mismo Gustavo Tisocco es quien nos descubre, en su poesía, que en el poeta coexisten la oscuridad y la libertad, la ausencia y la luz.
Entonces volvemos a la tapa: La mitad de un hombre, herido, con una máscara que también mira. Y ya ni sabemos si es uno el que mira al autor, o es el autor el que nos mira, o se mira a través de la máscara, o es todo a la vez.
“Desde todos los costados” es un libro de una poesía idealista en todo el sentido de la palabra, donde el autor transforma la realidad destacando aquellos elementos y cualidades que pueden alterar la realidad para embellecerla o deformarla. “Cuando mi Príncipe / me despertó del sueño / más de siete enanos nos juzgaron. / Desde ahí, ese beso es mi gloria. / Ahora, / todas las manzanas / que nos ofrecen, / saben a veneno”.
Y lo lleva adelante con una sencillez y una fuerza creadora que no abusa, ni deja de utilizar, los mejores recursos estilísticos que están a su alcance. Su obra cumple absolutamente con la función estética de la literatura, nos acerca a la belleza a través de sus poesías. En ella la palabra no se agota en un solo significado sino que el mismo se ve acompañado de distintas sugerencias y sentidos que sólo pueden apreciarse en su contexto.
En fin, Gustavo Tisocco nos presenta un libro para que lo leamos y disfrutemos “Desde todos los costados”.
Pablo Javier Canavelli
Paraná 28 de septiembre 2008
miércoles 17 de septiembre de 2008
Fragmento de las palabras de Edna Pozzi sobre mi libro "Desde todos los costados"
La admirada Edna Pozzi me llenó de orgullo al referirse a mi libro.
Algunas palabras mías en la presentación de "Desde todos los costados"
Junto a Lidia Vinciguerra poeta y editora de mi libro.
Video de Horacio Farroni
domingo 14 de septiembre de 2008
Palabras de Edna Pozzi sobre mi libro "Desde todos los costados"
Foto Horacio Farroni
DESDE TODOS LOS COSTADOS. GUSTAVO TISOCCO
Siempre al presentar un libro de poemas, he pensado en la humildad de inclinarse sobre la obra de los otros persiguiendo un rastro que nos lleve o intente llevarnos hacia el corazón de la poesía, allí donde cada palabra tenga la capacidad de “nombrar”, abrir tajos de luz en el caos del lenguaje. Ya se sabe cual y cuan alta es la dignidad de este oficio. Aquella búsqueda de la verdad esencial que hay detrás de cada palabra, lo que solo se conoce por transparencia, el destino de palabras que chocan todos los días contra sus propios pétalos sueltos. Crear una pequeña flor es trabajo de siglos. El poeta completa la obra de la creación y lo hace a través del instrumento mas contaminado de ansiedad, de miedo, de fragmentación lo que siempre se ha querido decir y apenas se dice como un murmullo límpido opuesto a la gritería confusa que nada explica solo remueve cubos de basura, acerca a los hombres a un destino seguro de malentendidos, de lenguajes escasos y doloridos. Hoy nadie le habla a las almas diría Baudrillard porque las palabras alejan, se deshacen, se parten, hasta dejar al hombre en su mas atroz soledad, con un idioma roto que solo permite menguados y falsos acercamientos.
Desde el inicio la poesía de Gustavo Tisocco instala en el centro de esta situación: “Nosotros escribimos de vuelos y ladridos/olvidamos/ que en la intemperie/ la inocencia llora” ¿Cuál es esa intemperie, desde la cual el poeta se ha visto excluido? ¿Acaso la intemperie de Juan L. Ortiz que hablaba de que “la poesía esta siempre mas allá/ en el junio de crecida/ desnuda casi bajo las agujas del cielo? ¿Y porque llora la inocencia y el poeta esta escribiendo en un “después”, un después lacerante donde se perdió el corazón de diamante de la poesía, su brillantez, su dureza, para dejarnos solo restos significantes, con los que apenas si podemos hablar, alzar las manos, explicar el color de nuestra soledad? En casi todo este poemario hay una respiración jadeante, una memoria de algo turbio que fue negociado para aplacar el dolor. La casa de al lado donde alguien sufre y grita hasta que decidimos volvernos sordos y desde entonces, el silencio, el agravio de la derrota.
En un poema breve Gustavo dice: “Gritar/ dejar salir al lobo/ y después retornar al silencio. Solo así/ cicatrizar la herida/ abrir candados/ y retornar al fuego”. Este aullido poderoso de quien ha perdido su prestína inocencia, su categoría de hijo de los dioses y dios el mismo, no se escucha como el grito del lobo, se oye como la queja insoportable de quien pudo ver y no ve, de quien pudo ser y no es, de quien ha conocido el Nombre y la exacta hermosura y la ha perdido. En este laborioso acercamiento a la poesía, pienso entonces en las millones de interpretaciones y explicaciones que se han dado del poetizar, si no hemos caído en cuenta que toda esta rumorosa corriente de poemas, desde el inicio de la palabra escrita, habla de la perdida, del puño cerrado y lacerante penetrando en el tórax joven y apasionado de la poesía; de lo que pudo decirse y no se dijo. Que Gustavo inicia este camino amargo del exilio, es quizás lo más calidamente humano de su poemario. Así lo acerca a la inmediatez, al destino compartido, a la seguridad del exterminio, pero a su vez lo convierte en un testigo poderoso de que alguna vez toco el rostro desnudo de la poesía. Y en esto, en mi entender, reside la belleza y la desolación de este poemario. Queremos no estar solos, queremos amar y que nos amen, queremos ser reconocidos como aquellos que entrevieron la fina trama del misterio, queremos compartir la desolación de los otros, ser el otro, cantar con los dientes apretados, queremos no morir o morir con alguna promesa de que alguien, en el final, comprenderá. Y en cambio dice Gustavo, “mientras en el piso de arriba habiten las hienas/ yo hermoso y erguido/ inevitablemente me marchito en el piso de abajo”. Extraño y bello poema del que transcribo solo un fragmento, suficiente para explicar esa dualidad, el desmoronamiento del que se aparta, lejos de “todo lo que sangra”, el que no se mancha, el elegido, es también una palabra reseca, un gesto inútil, un malentendido. Entonces lo que trato de decir es que Gustavo Tisocco pone en este libro, todas las interrogaciones que los enjundiciosos analistas y críticos plantea alrededor de la poesía. ¿Dónde esta? ¿Qué canta? ¿Qué significa aquello de “dar la vida por el dudoso goce de tres o cuatro palabras desnudas? ¿Dónde, además del poema escrito? ¿Por qué la poesía es la celebración de la escritura? ¿Por qué el poeta viene de la conciencia de los paraísos perdidos, pero le ha quedado como hilachas de luz, apenas recuerdos, fragmentaciones de otra patria que conoció y de la que fue expulsado? Ya he aprendido a través de los años, que los poemas son inexplicables. Están ahí, como aves temblorosas en una mano abierta, dispuestos a iniciar el vuelo, irse, o morir asfixiado y los dedos se convierten en garras, si alardeamos de la posesion y solo lo podemos demostrar matando. Están ahí. Nadie nos enseña de que forma y hasta donde leerlos. A veces los poemas de Gustavo se alivianan en una atmósfera de sueño, de geografías dóciles, entonces hay un recuerdo, una mujer, una madre, apenas si tocadas por las hojas del fresno, como un dagerrotipo salvado de la injuria del tiempo, como una fresca canción, pero casi siempre el idioma despojado y duro de sus poemas se impone, por lo menos en la casi totalidad del libro que presentamos.
Tampoco se bien lo que es presentar un libro, es decir hacer visible algo que ya antes de nuestras miradas era una presencia, existía. Pero puedo pedir que el libro se lea. Está cuidadosamente editado por Lidia Vinciguerra, tiene el peso y la medida exacta de nuestra mano. Se lo oye respirar. Esta vivo. Dice mucho más de lo que finalmente dicen las palabras. No engaña, no encandila en el promocionado festival de la belleza. Es serio y triste, pero irrevocablemente verídico. Dice por ejemplo “Primero dejo su cepillo dental/ y pensé estaba bien/ luego fue su zapato/ su bombilla/ el paraguas/ la maquina de afeitar/ Hoy encontré su cadáver/ debajo de la cama/ eso no estaba en mis planes, no”
No es esta situación de habitantes del exilio, la única capaz de provocar la aparición de la poesía, que tampoco, nunca, es una señora enlutada y ejumbrosa. La vida nos ha enseñado que la poesía “salta” de nuestra mano escritora al perfil apenas dibujado de una joven que se hamaca bajo los árboles y que en un instante se traza el decorado falso del verano porque no recordamos si alguna vez fue nuestra madre u algo parecido a una madre y ahora se hamaca sin mirarnos, se la ve feliz. Y es por eso que la poesía esta tan fuertemente anudada con la vida, tiene de ella la hermosura y la sordidez.
Al celebrar la aparición de este libro de Gustavo, no se si estoy celebrando las palabras o la casa de la poesía donde en un invierno, juramos en su nombre, que mantendríamos los fuegos encendidos. Como hacen estos poemas que estoy acompañando esta noche y dando las gracias por ello. Gracias también a ustedes que siempre escuchan con una paciencia triste y delicada.
Edna Pozzi.-
Palabras de Osvaldo Rossi sobre mi libro "Desde todos los costados"
Foto Horacio Farroni
Desde todos los costados — Gustavo Tisocco
Editorial Vinciguerra S.A. — Buenos Aires, 2008
...Hay poetas en los que el lenguaje se distancia de las manifestaciones de su experiencia personal. Es el caso, por dar un ejemplo célebre, de T.S.Eliot, quien sostuvo en su ensayo La tradición y el talento individual: “mientras más perfecto sea el artista, mayor será la separación que se percibe en él entre el hombre que sufre y la mente que crea, más elaborará el intelecto y transmutará las pasiones que componen su material”.
...Hay otros poetas cuya obra, por el contrario, transparenta las experiencias personales. Es el caso, por ejemplo, de Miguel Hernández:
.....Umbrío por la pena, casi bruno,
.....porque la pena tizna cuando estalla,
.....donde yo no me hallo no se halla
.....hombre más apenado que ninguno.
...Lo mismo ocurre con sus Elegías y con sus inolvidables Nanas de
...Muchos años después de estos ejemplos, las experiencias de la vida de Gustavo Tisocco se nos revelan, en esta obra que hoy presentamos, sin máscaras, sin intención de ocultamiento, siguiendo la segunda corriente mencionada. Éste es un libro apasionado, por momentos inclemente, por momentos piadoso, pero siempre apasionado. Por él pasan soledades, amores, desamores, nostalgias, rechazos, abandonos, terribles pasajes de nuestra historia, preocupaciones sociales. Por él pasa la vida, “desde todos los costados”. La poesía es para Gustavo Tisocco una manera de resistir la aspereza de lo cotidiano, es despertar, tomar conciencia y manifestarlo, para no caer en aquello que tan bien retrató John Lennon cuando dijo: “la vida es aquello que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes”.
...Tisocco no se pierde en cuestiones filosóficas ni en grandes abstracciones. Es el poeta que percibe, que goza, sufre y escribe a partir de las experiencias de todos los días. Es el poeta de lo terrenal; tal vez por eso la palabra nido, con todo su simbolismo de hogar y refugio aparezca en su obra más veces que la palabra pájaro.
...A la manera de Ungaretti, es desde el dolor que Gustavo Tisocco encuentra su lenguaje; dice el poeta (página 104):
.....Es en el costado de adentro
.....donde llueve la ausencia.
y también (página 83):
.....Un sol despiadado seca las uvas,
.....la virgen de la gruta se torna triste
.....y en el piano enmudece la espera.
...En la contratapa del libro, Edna Pozzi ha escrito que éstas son “Memorias del exilio”. Y es cierto, hay más de un exilio en “Desde todos los costados”, pero hay una manifestación que se reitera, la de quien nació en un pueblo y se ve exiliado en la gran ciudad, que es también, de algún modo, el exilio de quien dejó atrás la infancia en ese pueblo. En la página 64, el poema evoca imágenes de la niñez para luego decir, ya en la ciudad:
.....Soy el triste vagabundo
.....que perece en los hielos.
y en la página 31 expresa una esperanza: Volver atrás —dice— y no ser número.
El lenguaje de Tisocco está impregnado, también, de varias referencias religiosas. Por este libro transitan rezos, vírgenes, clavos, la cruz, un Dios que se recuerda, un Dios que se ausenta. Este lenguaje está presente hasta en la experiencia del amor, como puede notarse, por ejemplo, en estos versos finales de la página 112:
.....Repleto de ti
.....seré plegaria.
Poeta que observa, que reflexiona, que siente, Gustavo Tisocco es, en esta obra, a la vez cronista y protagonista. Es el que escribe y el que se escribe. Jean Paul Sartre dijo una vez: “el infierno son los otros”; Gustavo Tisocco prefiere la definición opuesta. Para él, en el vínculo con los otros, con el otro, está la posible salvación. Los versos siguientes lo dicen con elocuencia:
.....Pretendo habitarte
.......... y salvarme. (página 25)
... El último poema del libro (página 130) es un “Manifiesto de
.....… Pero la palabra se escurre de las jaulas
.....y no pudieron.
...Cité a T.S. Eliot al comienzo de esta presentación. A punto de terminar, vuelvo a estos versos de él, pertenecientes a los Cuatro Cuartetos.
.....No cesaremos de explorar
.....y el fin de nuestra exploración
.....será llegar adonde partimos
.....y conocer ese lugar por primera vez.
...Esto es exactamente lo que hizo con su infancia Gustavo Tisocco en estas páginas; porque cada recuerdo es una invención, él ha re-significado su niñez, la ha re-creado y regresado a ella para conocerla por primera vez. Y para dar testimonio de ese conocimiento.
...Quiero cerrar con estos versos del autor, que también aluden a la infancia. Se trata de un breve y bellísimo poema titulado Certeza:
.....Tengo la certeza
.....de que mi abuelo Pedro se quedó dormido
.....y me lo robaron barcos piratas.
.....Sabido es que estos bárbaros
.....aglutinan fortunas,
.....trofeos, tesoros.
Osvaldo Rossi
Septiembre de 2008
viernes 29 de agosto de 2008
Contratapa de "Desde todos los costados" por Edna Pozzi.

Pintura de tapa: Herido -Leandro Torres-
GUSTAVO TISOCCO. MEMORIAS DEL EXILIO.
Este poemario de Gustavo Tisocco, denso, plural, irremediablemente melancólico, nos presenta a un poeta en plena posesión de los instrumentos de la magia, como si a través de las palabras, o lo que es más importante, casi sobre las palabras, madurara un idioma nuevo, recién nacido, un acorde que no puede dejar de escucharse, una geografía áspera y bella. La mirada del poeta se ha hecho profunda, lastimada, tierna y de esa forma de mirar el pasado regresa con tal ímpetu que no tarda en hacer realidad mundos paralelos, acechantes. Necesariamente entonces el poeta habla como un desterrado, asume la pérdida y construye sobre ella las infinitas complejidades del amor. Y las palabras se ordenan, despojadas de brillos estériles, para hacerse lugar entre la oscuridad y la lluvia.
Hay poemas bellísimos como el del abuelo secuestrado por piratas que acumulan tesoros, riquezas, joyas, un retrato total del ser imprescindible y voraz que ocupó todo el espacio de la infancia. Las casas vacías de donde siempre ha huido y que guardan aun entre hilachas de olores y flores tardías, la presencia de quienes fueron densidad y hoy solo aparecen como un inventario de ruinas. La intensidad de quien está siempre en el lugar equivocado, la patria ausente y tal vez muerta, la certeza de que se construye en el viento o en las arenas. Este fluir incesante de una poesía que ronda la cotidianeidad y la transforma en un prisma de cristal, este despojo en el lenguaje para buscar los hilos de una riqueza esencial, esta situación de vísperas de la palabra, hace entroncar estos poemas con lo mejor de la obra de los neo-románticos, y en mi caso particular, le encuentro el sabor y la atmósfera tersa de SAINT JOHN PERSE.
Dice el poeta: “nosotros escribimos de vuelos y ladridos –olvidamos- que en la intemperie –la inocencia llora-.”
En suma, un libro imprescindible. Otro ariete de belleza y valentía, en mitad de nuestra opaca sociedad.
Edna Pozzi.-
domingo 11 de mayo de 2008
Poema/regalo de Jorge Estrella (por la presentación de mi Cd INTERSECCIONES)
PRESENTACIÓN
El poeta sentado quieto estaba quieto
sentado
como una estatua
y ya habían hecho lo suyo la soprano,
los chelistas,
la cantante de tangos.
Sentado estaba en la penumbra
y sus versos, cual una magia convocada
por la tristeza de una infancia errónea,
se desbordaron del escenario
alborotando a las inocentes sillas.
Después,
cuando los chelos ya dormían en sus fundas
y las cuerdas vocales de las cantantes
se preparaban para un merecido brindis,
comenzamos a irnos
con la sensación de que habíamos pasado
unos cuantos minutos
en el Paraíso.
Jorge Estrella
(Poema escrito después de la presentación de mi Cd INTERSECCIONES)
¡¡¡Gracias Jorge!!!
martes 15 de abril de 2008
Palabras sobre mis CD "HUELLAS" e "INTERSECCIONES"


PRESENTACIÓN DEL CD INTERSECCIONES DE GUSTAVO TISOCCO
La poesía de Gustavo Tisocco es un viaje hacia adentro. Por un lado es un paseo por el territorio de la infancia, los lugares conocidos, los recuerdos del adulto que revive, a través de distintas secuencias -casi fotográficas-, el tiempo inocente de la niñez y de su primer despertar.
Es una poesía valiente, que se anima a decir su condición. Que indaga y cuestiona, que rememora, en una especie de anámnesis poética, instantáneas del pasado y, quizá también, de otro tiempo anterior a su nacimiento.
Aquí Gustavo Tisocco entabla un diálogo entre sus propios libros. Intersecciones es una antología de su obra publicada. Sin embargo tiene una disposición propia, una organización que genera un núcleo nuevo. Aquí aparece evidenciado lo que preanunciaba el libro Paisaje de adentro: el surgimiento de un yo poético transpersonal que acerca al yo individual con el sí mismo, al yo hombre con el Yo dios.
Intersección es, de acuerdo a la definición del diccionario, el punto en que se cortan dos líneas o cuerpos. Cabría entonces preguntarse cuáles intersecciones. ¿No es acaso toda nuestra vida una intersección permanente de personas, historias, encuentros, revelaciones, nacimientos, muertes? ¿No es acaso la vida misma lo que ocurre en la intersección y todo el resto del viaje, es apenas transcurrir? ¿No es acaso la poesía lo que preexiste y se nos revela en esas intersecciones del camino?
¿Y finalmente, en cuál de todas esas intersecciones habita el núcleo más genuino de nuestro ser?
Gustavo nos propone una estructura, un orden para esta Rayuela (podría haber otros) y en ese orden comienza la búsqueda del Sí mismo a través de la experiencia del amor. La primera parte se titula Amor y desgarros y nos introduce a la conciencia de la dualidad de esta existencia física, en la cual parece no haber posibilidad de conocer la luz sin la tiniebla. En esa paradoja aparente, es el amor por un lado lo que nos mueve a salir de un estado de adormecimiento y traza puentes hacia lo Absoluto, alguna clase de divinidad, ánimus y ánima. Pero también es un encuentro con otro que termina volviéndose dolorosamente ajeno y nos lleva al conocimiento de nuestro propio límite. Dice Gustavo “… y te amé como pude... con mi lápida a cuestas… con mis soles alumbrando…. con lo que tuve y no… con lo que di y no….”. y , aunque sea esta experiencia uno de los anhelos más genuinos, nos deja a veces frente a nuestra vulnerable condición humana. Cito: “…huérfano de mí soy simple asilo, confundido espectro…” o“… siempre llueve en mi intemperie…” o “...tengo flagelos que me cubren…” “… pobre de mí soy invertebrado…”.
Habiendo conocido la sed y la imposibilidad de saciarla inicia la segunda fase de la búsqueda. Esta parte del CD se titula Homenajes, intersección de lo familiar, la herencia, con lo universal, como veremos en poemas como Holocausto o Nocturna/diurna.
Para llegar hasta aquí hemos tenido que dejar atrás, hemos tenido que enfrentar dificultades y temores. Inicia esta parte con un poema que anuncia: “…Ahí va el muerto, dicen, cuando paso con mi sombra de hormiga…/ aquí estoy, les digo por lo bajo/ mientras cabalgo mis batallas…”. Confrontación ésta que nos remite a la primera prueba en el cruce del siguiente umbral, muerte iniciática, abandono de la superficie -viaje de la noche- para ir a la búsqueda de los ancestros, las zonas de la memoria y las historias olvidadas: “…la noche se recuesta en mis ojos muertos, nos dice. Y es en ese deambular por
La tercera parte se titula Desde mí y es el momento en que este hombre muere definitivamente a su identidad primera para alcanzar su identidad última, o por lo menos, aproximarse a ella, en un ciclo alquímico de generación y regeneración constante: “hay en mí úteros vacíos y alumbramientos abismales”. Danza entre la vida y la muerte que nos conduce al inconciente colectivo, conocido en la mitología como la fuente de la vida o la fuente de la eterna juventud. Dice Gustavo“…Me desplazo a tiempos pasados…es camino al cementerio/ que me brotan nostalgias/ de un ayer que presiento cerca…pero estoy aquí resurgiendo de tantas épocas/más no soy fantasma/ sino pasajero que extravió su luna…”
Igual que ocurre en la mitología, el día y la noche se encuentran finalmente en un matrimonio que produce el nacimiento de ese Yo, con mayúsculas, que habíamos anunciado:“.yo que fui de todos los cosmos una constelación…que divisé todo el horizonte que siempre fue mío...yo que traspasé la barrera del infierno y sucumbí al olvido de los dioses….yo tuve tantas bocas como estrellas en mis ojos…”
Con la salida el sol, volverá a la superficie, desde sí, como nos ha prometido. Todo héroe solar que ha descendido a los reinos lunares, finalmente renace, retorna de la oscuridad, trayendo un don que restaura el orden perdido y nos trae la sanación, un misterioso elixir, que sólo se cultiva en las profundidades: “Tuve sueños que fueron disipándose al alborear/luché y perdí en este caminar de presagios incesantes/desde todos mis gozos me descubro/persisto y vibro en eternas misericordias…tenemos el privilegio de toda rebeldía…esperen mi regreso y seremos gloria…”.
Quedaría entonces una pregunta que les dejo abierta: es la poesía lo que preexiste y lo que se nos revela en esas intersecciones del camino?
GRACIELA CAPRARULO
Palabras sobre el libro "PAISAJE DE ADENTRO"

Paisaje de adentro
Gustavo Tisocco se abre a la memoria desde los primeros poemas con el recuerdo de la infancia y de su pueblo: Mocoretá, Corrientes. Las fotografías que acompañan su obra reafirman el clima de nostalgia y el tono melancólico de su poesía. El blanco y negro incrementan en las imágenes la pesadumbre y, más aún, el desgarro que le ocasiona la remembranza.
Cuenta que se escapaba con sus hermanos al río o a la vieja estación a inventar fábulas, y jugaban a hacerse los muertos y a practicar las ceremonias de un entierro. Las calles tenían un circo reluciente y había un fuerte olor a mandarinas. Cuenta de una casa mustia y de la mirada triste de su perro.
Entremezclados entre los paisajes físicos concretos o entre las figuras representativas que parecen alucinarlo, está destacada sobre todo, la evocación de su madre que lo acunó cuando era inocente y que pregonaba que en la siesta habitaban los duendes. La de su padre, que le regaló el rostro de niño, su infinita tristeza y su abrazo. La de su abuelo Juan, que se hizo gorrión para ampararlo. La de su tío Jorge que partió, sin avisar, sin mirar atrás.
Hay también un poema para una amiga cubana cuyo corazón es tan grande como la isla donde habita o una mención a Alejandra Pizarnik, para llorar debajo de su nombre admirado. Y no olvida involucrar su abatimiento por lo social cuando hace poesía sobre el soldado desaparecido o sobre las Madres de
Pero, sin embargo, la añoranza duele. Hay un adentro profundo, solitario y desgarrado. Triste. Un hombre que es niño en el recuerdo y evoca el dolor de ese tiempo en la abundancia de tumbas y en espacios mutilados, clausurados o infames. En burlas que dejaron cicatrices y que deja entrever que ya no quiere ocultar y así se desnuda en lágrimas, en muñecas definitivamente rotas, en muertes incontables.
El pasado es, para una sensibilidad en carne viva como la de Gustavo-poeta, lo que lo hace sentir que tiene una sombra de hormiga o que es pequeño, ínfimo, imperfecto o simple.
Yo digo que es valiente. Que nadie que no tenga su coraje puede contar de esta manera lo que cuenta. Y menos con forma de versos.
Huye, sin embargo, con la palabra poemada, con la metáfora, con las aves, con el despojo a cuestas, con un apasionamiento poco común y opta por el exilio, que es ese “paisaje de adentro” al que quiere disminuir cuando lo llama “impreciso vagabundo”.
No conozco más intimidad de Tisocco que la que denota en este poemario amplísimo y claro. Es una muestra de un alma pura, de un corazón dolorido y de un ser “huérfano de sí” que se suicida en pájaros y se mutila los brazos, que pierde la mirada tras la brisa y se pregunta cómo será vivir en un hueco.
Y que a pesar de que se acostumbró a ser muro y a escalar precipicios, puede dar. Desarrolla su trabajo con los niños, es pediatra, los sostiene y los trae al mundo. ¿Hay algo de mayor entrega?
Y, además, crea páginas donde convoca y promueve a sus pares poetas con una cuota de generosidad no habitual.
Y sigue aquí.
Para seguir escribiendo.
Afortunadamente.
Un abrazo a Gustavo y mi sincero aprecio
Isabel Krisch
Palabras de Beatriz Schaefer Peña para la presentación de “Paisaje de Adentro”
“En ese lugar,/ ahí, en mi paisaje de adentro,/ mi casa aún es refugio;/mis manos, palabras.” Esos son los versos finales del poema que da inicio a este poemario de Gustavo Tisocco y que se titula, precisamente “Paisaje de adentro”, desde cuya interioridad nos muestra ese largo y doloroso peregrinar, casi siempre acompañado de la soledad como es necesario, hacia la búsqueda de sí mismo. Y entonces es cuando nos revela, desde su voz, las diferentes visiones que se van sucediendo entre recuerdos, aconteceres y una realidad que muchas veces lo hostiga y así sucede que esa, la voz de este joven poeta, se revierte en todas aquellas que lo circundan, como si su propio Yo se multiplicase para proyectarse a ese mundo que, si bien, no le es propio, él lo imagina o lo siente como tal.
Sabemos que con la post-modernidad, la frontera de los géneros se ha extendido hasta rozar lo ambiguo, condición, por otra parte de
Y también cuando expresa: Aullido de lobo, salgo de mí y te extravío. Y más adelante: Huérfano de mí soy simple asilo, confundido espectro, para terminar confesándonos de una manera notablemente bella y dolorosa: el lazo se ciñe y huyo/ sacudiendo ramas.
Pero también encontramos, en la lectura de este libro, que más allá de la indagación del poeta, más allá del manejo acertado del lenguaje poético, con su musicalidad ineludible, con versos logrados, no solamente en expresión y ritmo sino también plenos de simbolismos que logran transmitirnos, precisamente, las distintas imágenes que hacen a ese paisaje interior que se va revelando, más allá de todo eso, repito, se levanta imponente, el Eros, ese Gigante del alma imposible de soslayar. Y entonces nos conmovemos, junto con el autor, cuando nos dice: He sepultado este amor, esta adoración,/ este amargo camino,/ tu soberanía,/ mi reptar. El poema sigue pero yo creo que la esencia del mismo está en este sólo verso: Tu soberanía, mi reptar. ¿De qué otra forma dolorosa y breve puede alguien expresar todo lo que hace la condición del abandono? Con síntesis, con una impecable metáfora acompañada del acierto de la imagen, Gustavo Tisocco nos demuestra su destino de poeta verdadero y también se advierte, en todo ese acontecer poético que hace al libro, una especie de exaltación de lo inapresable y de todo aquello que parte de lo subjetivo, como por ejemplo: la evocación de esos fantasmas del alma que componen el pasado: Camino esta soledad/ de despoblados ojos/ del grito ausente/ la lejana infancia, nos confiesa; pero el autor no se queda con la mirada en los antiguos espectros, por el contrario, los proyecta hacia el presente que ya deja de serlo para convertirse en la ensoñación de todo aquello que podría llegar a ser, porque, como dice Raúl Castagnino en su “Fenomenología de lo Poético”: “para que no mueran, el recuerdo personal operará su acción en transporte ficcional, contribuirá a la reelaboración poética, tratará, de alguna manera de intentar su permanencia”. Pero algo más debo decir en este somero análisis de “Paisaje de dentro”, de Gustavo Tisocco, y es que se advierte en su lectura la autenticidad de una voz absolutamente personal e incontaminada, para expresarlo de alguna manera. Él, a lo largo de todo su poemario, es siempre él, sin concesiones, sin sumisión a los modismos del momento.
El libro se cierra con unas breves composiciones que podrían definirse como prosa poética, desde las cuales el poeta se habla a sí mismo o le habla a ese otro que se escucha tras de sí, en un monólogo que revela ese acontecer que le es tan propio y del cual quisiera pero no puede liberarse, reitero.
Para cuando despiertes, dejaré sobre la mesa las velas encendidas, nos dice bellamente casi al cierre de su obra aludiendo, tal vez sin proponérselo, a ese estado de encantamiento que precede al inicio de toda creación, al acto poético en sí. Gustavo Tisocco sabe de la música de las palabras que, desde su voz, nos llega sin altisonancias, con esa claridad que muestra el cuidado del fraseo para que aparezca fácil, espontáneo, sin oscurantismos inconducentes. Celebremos entonces este “Paisaje de adentro” que nos revela a un joven poeta que se perfila en lo perdurable."
Beatriz Schaefer Peña
Prólogo
Cuando Gustavo Tisocco me propuso que escribiera unas palabras sobre su libro, yo no sabía que estaba regalándome un pasaje para hacer un viaje a través de la belleza. Este viaje comienza desde el primer verso de “Paisaje de adentro” y en una línea que va desde el pasado hasta el futuro más lejano, vamos de la mano de dos compañeras nunca ausentes ni en esta ni en ninguna de las obras de Gustavo: la melancolía y la nostalgia. Pero ellas no son las únicas. También está presente la desazón, la rebelión contra la injusticia, el amor, el desamparo. Cada palabra, el lenguaje en sí mismo, se viste de libertad y, según la fibra de cada lector, puede impactar en más o en menos, pero siempre este libro conmocionará el espíritu y lo fecundará con la perla fértil de la emoción.
A medida que avanzamos nos vamos enriqueciendo más y más. Hay momentos en que el autor parece exiliado de la felicidad; otras lo encontramos en lucha con bestias y ángeles; autor que se desgarra con pérdidas y preguntas que apuntan al misterio. Él puede ser una muñeca despedazada o una lombriz, eterno suelo, pero siempre será ese poeta acuciado por tener una mirada que no descuide ni un resquicio de su paisaje interno iluminado por el farol de la sabiduría y el talento. Pizarnik dijo: “La poesía es el lugar donde todo sucede”. Por eso, en este libro, sucede la vida.
En este viaje pasamos por la estación de la infancia; llegamos al hoy y concluímos en la eternidad : fuerte aroma/ palidez/ la mortaja destiñe mi rostro. A través de esa travesía vemos por momentos el ser de Gustavo hecho añicos y entonces sentimos en nosotros el dolor del poeta que llora desde sus huesos.
Libro de alta poesía, “Paisaje de adentro” está destinado en forma ineluctable a la trascendencia.
SUSANA CATTANEO
La poesía es un viaje impresionante e imprescindible hacia la esencia más profunda del ser. La palabra se adhiere a la belleza de tal manera que explosiona en una emocionante creación que desnuda no sólo los cuerpos que se buscan, el amante frustrado, la noche que esconde su sombra imborrable, sino también, nos hace contemplar las injusticias, la atrocidad de un mundo apenas descubierto, la infancia, donde quizá un poco de amor bastaría, quizá una caricia que no se pueda vender en las esquinas o en cualquier suburbio donde tristes seres tratan de compadecer su frustración tapando sus inútiles corazones bajo el frío cemento del invierno.
Estos temas y muchos más, nos presenta en esta ocasión el poemario Paisaje de Adentro, (Ed. De los cuatro vientos - Bs. Aires-Argentina, 2006), escrito por el poeta argentino Gustavo Tisocco.
Este libro comienza su travesía desde la etapa más indescifrable del ser humano, la infancia, enfocada en su ciudad natal, Mocoretá. Los poemas que tienen una exquisita carga lírica y crítica ante la sociedad, nos demuestran la fineza verbal de Tisocco, haciendo que lentamente nuestra lectura se vaya transformando en vida misma, pero también, nos enfrenta ante nuestro propio destino, que muchas veces nos enseña que la vida es sólo un estadío, un momento bajo las vagas nubes de otoño:
El niño
cubierto de barro
quedó ciego.
Ya no vendrán mariposas
a despertarlo
ni repicarán bombos
con su nombre.
Duele
este naufragio de Dios,
ahora hieren las plegarias.
La madre
sentada al sol
quedó ciega
y no vendrán las mariposas...
A lo largo del libro, la voz del poeta se va transformando. Pasa de una voz que canta a la soledad, una voz que canta al horror que nos impulsa a la muerte, para convertirse, en una voz confesional. Una confesión que parte de la propia experiencia que madura lentamente en una fuerza que acaricia el cuerpo, lo que finamente se podría expresar en lo erótico, y también la negación a la libertad, a la redención total de la sustancia artística, el amor y la creación:
Me niegas el beso
que pudo salvarme.
Decapitadas caricias
no bastan.
Dentro del encierro
que me rodea: me encierro.
Mi cuerpo
sangra candados.
Y a veces, Tisocco es el niño corriéndose desesperadamente de su realidad. Una realidad distorsionada, atrofiada por la violencia, la soledad, la falta de una voz a cual llamarla tiernamente, amor:
Corre Leandro
no vuelvas...
Déjate ahí
donde habitan
hombres-aves.
Déjate ahí
donde te columpias
perpetuándote.
Corre Leandro,
pero no vuelvas...
Con un lenguaje cargado de energía y emotividad, además de una gran variedad de fotos tomadas por Liliana Muente y Patricio Coullery, esta obra, expresa en sí, una exhortación a la esperanza, al cambio. Nos muestra la posición de la poesía, del poeta ante una sociedad devastada por sus propios deseos, y como él nos dice, a Permanecer / suficientemente heridos, / para salvarnos...
PAOLO ASTORGA
Palabras sobre el libro "ENTRE SOLES Y SOMBRAS"

Celebro la aparición de este segundo libro de Gustavo Tisocco. Para mí es un honor participar en esta fiesta que es la presentación de un libro. Le agradezco haber confiado plenamente en mí para ser el editor de su libro y, mucho antes de esto, su guía en este camino que emprendió hace muchos años con la poesía, porque desde hace muchos años escucha (en algunos casos acepta y en otros no) las sugerencias, consejos, explicaciones, durante el trabajo de producción y corrección que desarrollamos en el ámbito del taller. También me siento muy agradecido por la confianza que depositó en mí para ser el editor de su libro. Confieso que sentí una gran responsabilidad -siempre que edito me pasa lo mismo- pero en este caso especialmente por su ingrata experiencia con su primer libro; entonces este libro tenía que ser tal cual lo había soñado, deseado, esperado su autor. Y creo que no le fallé.
Gustavo Tisocco eligió para ilustrar la tapa de su libro una puerta entreabierta. Imagen que, me parece, es la mejor manera de mostrar/mostrarse abrir y no cerrar sus soles y sombras.
La mirada del poeta es así: oscuridad/luminosidad - revelación/misterio - descubrimiento/límite - imposibilidad/posibilidad/ música/silencio. Estos pliegues, estos reversos están en el libro.
Un libro que, sin duda, es de gran importancia para Gustavo, para su apuesta literaria. Y que marca una gran diferencia con el primero, Sutil. Entre soles y sombras recoge lo más auténtico de su vastísima producción, más allá de poemas que pueden gustar más o menos, de aciertos y desaciertos. Entresoles y sombras es un libro auténtico, de un autor verdadero, transparente, que decide mostrar todo, no oculta porque sabe que la poesía es el lugar donde todo sucede, como bien dijo Alejandra Pizarnik.
Y por esa puerta entreabierta emergen los epígrafes que eligió Gustavo Tisocco, los más adecuados para introducirnos en el verdadero clima de tensión que se instala en los poemas. Quasimodo y Vallejo convocados para reflejar en sentido de una vida más allá de sufrimientos y soledades. Porque por un lado aparece el menosprecio de una vida pero que vale la pena ser vivida como también sufrida, pero sufrimiento como instancia esencial de la vida; y por otro, el sentido de la vida que irrumpe en esa inmensa soledad que acosa al hombre.
Gustavo Tisocco no deja nada sin nombrar, recorre cada centímetro de la existencia, y eso lo hace auténtico, frontal, sensible.
Quien se acerque a este libro tendrá la oportunidad de asistir a una experiencia única. Porque habrá que hundirse en estos poemas, compartir su interioridad tan deslumbrante como inquietante, tan abismal como desgarrada, tan ardiente como certera. Ese es el desafío que nos propone el autor, quien se mantiene entre soles y sombras, en permanente estado de alerta, para reflejar/recobrar los sentidos, los deseos, los sueños, las emociones, las injusticias...
Gustavo Tisocco logra inventariar las múltiples realidades de una vida que va descubriendo. Es una mirada aguda y al mismo tiempo comprometida con su alrededor, con sus semejantes. Todo lo que sucede le dispara la necesidad de escribir. Es como si de cada hecho sintiera una conmoción interna, un eco que va ocupando todo su espacio, todas sus palabras.
Y ese eco interno se despliega, se transforma en una voz para ser libre y así desnudar su garganta para dejar de ser vacío, nada, nostalgia, destierro, incompletud. Podríamos decir que a partir de ese momento se inicia un peregrinaje que tiene la característica de convertirse en una experiencia del límite, pero no en el sentido de abismo o fin, sino de alcanzar -o al menos intentar- sentirse "silencio de sol".
Estos poemas revelan una búsqueda, un encantamiento aunque a veces la voz se torne desesperada, suplicante, huérfana, desafiante. Son poemas que emergen de lo más hondo del espíritu. Tienen la lucidez propia de quien vive intensa y apasionadamente, aunque descubra a su alrededor el horror, la injusticia, la hipocresía, la muerte. "Develar el misterio/ de vivir sin tregua", afirma el poeta.
A través de estos poemas Gustavo Tisocco llega a ser lo que es. Así se expresa lo poético en él, como si se tratara de la dimensión de lo que es genuino, real, verdadero y, por qué no, sagrado.
Abordaremos una poesía que es presencia expresiva de una existencia. Expuesta y nombrada ante todo.
Alguna vez el poeta Edgar Bayley se empeñaba en saber si el sí mismo del poeta está presente en su poema. En el caso de Gustavo Tisocco eso que tanto le obsesionaba a Bayley, se cumple.
Sólo me resta decirles que disfruten de la lectura de este libro, pero les advierto que ingresarán a un vastísimo mundo que merece la pena ser transitado.
Pablo Montanaro
Desde Mocoretá- Corrientes un sol venía asomando sin decidir si su terciana iba contra los labios rasgados de la tierra que pedían sed de clemencia o entibiaba aquella cuna sobre los esteros de mimbre donde el moisés de Gustavo navegaba otra suerte de salvación.
De niño a veces jugaba a las escondidas (premonitoriamente buscaba de su propio encuentro) otras a la rayuela en el salto a la escritura por donde la tiza de Cortázar nos enseña que entre cielo y tierra también es posible unir un mundo, pero lo que más llamara la atención al indagador pequeño, era jugar al farmacéutico y al doctor con cajitas vacías que por entonces le obsequiara el boticario de su pueblo, ahora pienso, con que responsabilidad podemos hacer grande el universo de un niño y tal vez su destino.
De mayor las manos de Gustavo necesitaron estar al servicio y entonces se vistió de guardapolvo blanco y con el conocimiento se formó médico, curador de los más bajitos, pero en sus manos algo temblaba más allá donde el título con su buen ejercicio y entonces ahora Gustavo Poeta, sanador de las almas, cuando al tomar contacto con sus letras nos simbiotiza en ese ir alerta y entonces “Entre soles y Sombras “ de su mano-pájaro, vamos.
Es así como llegó Gustavo Tisocco en Ser y temple de una herramienta que se torna hereje cuando destroza al dolor en cada palabra de cal y canto.
Reconstruir y asumir que la vida se a hecho en un molde único al ir permitiendo que las hojas escritas se metan en vos, vas paseando del abrigo de un Gustavo intimista en sus dos cauces, primero es como si compartiendo un café él te relatara como un sacrosanto la confidencia de su vida, sus pasos los más álgidos, los de carácter humano y la de los otros evoca un jardín de flores y no sabes hasta el final si es para adornar actos de ternura o que se hagan ofrenda de ese cementerio atestado de muertos que deambulan en sus noches insomnes.
Luego va por más y te lleva o te deja expectante, él toma asiento en medio del escenario y un cenital lo alumbra de lleno, nosotros que observantes observamos, pasamos a ser la entelequia en ese runrún que nos sigue ofreciendo en las que yo he resuelto llamar "sus cartas íntimas" y te las pone a todas- hasta la última- sobre la mesa y entonces descubres una maternidad a medias, le habla en la voz del poema a su abuela Rosa a quien invita y dice.<<>> habla del esperma y transpiras ese demandada que desde su hondo pide provoca y hasta te lastima cuando reclama...<
Ay Gustavo cuánto dolor nos dejas ver "Entre tus Soles y Sombras" que acompañan y van derruyendo esta noche que parecía macabra allá afuera y sin embargo abrir la puerta en tu poema de juegos donde citas al Lobo, al gallito ciego o a la ronda de San Miguel donde tantas veces hemos jugado desde la infancia y hoy qué intimidación hace este llanto ternura, te pido ven... ven poeta a mi regazo necesito cobijarte en este abrazo como yo solo se darlo, porque tú mi querido amigo poeta bien lo describes y dices: <
Y mientras mas me dejo fluir en tus letras y tú que pides
<
brazos cansados/ reposar por un instante en la eternidad/ a pesar de que ya no hay cosmos..>>
Y yo que tibio mi corazón busca el nido donde el sueño es llamador de Sueños y entonces te preguntaría antes de cerrar esta reflexión devolución por lo tanto que me has dado puertas abiertas de tu libro y entonces cuando cuestionas y dejas al aire ...:<<¿Cuál es el secreto que guardo en mis manos cansadas?>>
Y entonces del buen gesto, humildemente besos tus manos hacedoras, artesanas donde esgrimes a la palabra en la disposición justa donde disponen todas sus fuerzas los guerreros de
Gustav
entregado, en tus gestos, en tu mirada, en tu libro que en definitiva es la voz íntima y pura, honesta de tu propia voz.
Que Dios te bendiga, querido, ahora y siempre en
Fany G. Jaretón
El poeta tiene un camino predeterminado por ser poeta, un exclusivo destino que es el intento de atravesar el misterio. Cada uno tendrá una idea más nebulosa o no tanto de cómo intentar llegar, pero todos, con su poesía, tratarán de poner luz a esa niebla. Y digo “niebla o nebulosa”, porque hablo de aquello que desde este costado del mundo, como diría Olga Orozco, no tenemos certeza. Hablo de lo inefable. Y a la captura de lo inefable, va Gustavo Tisocco quien nos entrega hoy un poemario titulado “Entre soles y sombras”.
Gustavo explora en este libro lo humano, llevándonos así a descubrir nuestra propia condición, nuestra esencia. Sus herramientas son por un lado, los sueños que se logran; por otro, los que quedan como sueños y no pueden ir más allá; también toma como herramienta sus dudas, sus certezas y pronuncia a través de sus palabras el universo de las emociones. Surge allí una dimensión innombrada, mientras de sus escritos emerge el talento para habitar cada sílaba.
El autor nos lleva por un lento sondeo del propio yo e invita al lector a demoler estructuras falsas, para rescatar ese instante de percepción luminosa, ese gesto que todos llevamos dentro.
Gustavo Tisocco es poeta; por eso celebra a través de sus poemas su destino. Lo hace expresándose con el más desnudo y natural de los gestos: el que se da en la sellada transparencia de una voz, donde vida y muerte conciben para lo humano la traducción de su mensaje. En su palabra encontramos lo visceral y lo existencial, lo inmediato y lo cósmico, lo ambiguo y lo secreto que abisman y enriquecen la expuesta soledad del artista, fundando su libertad creadora.
Hay en Gustavo una gran lucidez a flor de piel, pronta a extenderse sobre nostalgias intactas. Dice un poema suyo:
Hoy te trajo la lluvia.
Entre truenos, relámpagos y melancolías
escuché tu risa invadiéndolo todo.
Despoblados, mis charcos te esperaban;
también el sillón del viejo parque
y mis fábulas de triste marinero.
Me impregnó tu olvido de nostalgias azules,
pero estás aquí...
Abruma saber que saldrá el sol.
En todo el libro, por detrás de la escritura, hay otro significado que tiene que ver con la búsqueda de un mundo interno donde se pueden recuperar esperanzas. Dice el poeta en un poema que titula “La hiedra”:
Resurjo perenne desde todos los olvidos,
me nutro del néctar palpitante de labios hechizados
y es cada brote un suspiro que derrocha,
una osadía cada gemir.
Vemos entonces que hay una mirada nostálgica y esperanzada a la vez, mirada vasta que abarca todas las emociones sondeando el abismo interior del lenguaje.
También encontramos una intensa sensibilidad y capacidad creadora junto a diversidad de sonidos y recursos que conmueven al lector y despiertan su interés.
Gustavo contempla, ama, sufre, es feliz. Esto es lo que se encuentra en la poesía de este autor, donde los sentimientos más profundos tienen contundencia, posesión del poema, presencia.
Escribe con pasión llevado por la mano del deseo de vivir y de compartir ese vivir con otro, que muchas veces es otro que se hace universal.
Es un poeta seducido por el amor, los recuerdos de infancia, de familia; seducido por la propia poesía. A veces, esta misma poesía lo tiraniza porque le exige vida, destino, respirar, moverse. Entonces, Gustavo recorre todas las dimensiones posibles y la que más le interesa es la de los vínculos con lo amoroso. En cada poema tiene una cita con la belleza. Sabe jugar con las palabras, como nostalgia, tal vez, de un recuerdo lúdico. Dijo un poeta húngaro de principios del siglo pasado, Attila József-: “Los hombres que no saben jugar, me causan miedo”. Gustavo juega; a veces el juego es oscuro, sufriente; otras se mezcla con campanas de alegría y fuerza para vivir.
Como una flor recién nacida y como planta muy antigua, sus poemas emergen como lúcidos mensajes para todos nosotros. Y vemos que el cielo es pródigo cuando nos permiten descubrir en Tisocco el hombre que siente y es así porque de su interior va hacia nosotros la sensación de libertad de espíritu y el ímpetu de la juventud.
Mientras leía este libro a veces sentí que los poemas, luego , como dije antes, de un sondeo del yo, nacieron con un estallido, un grito, una imposición de vivir a pesar de todo.
Por ejemplo, uno de sus poemas lo concluye diciendo:
“No lloraré.
Sírveme otra copa”.
Y otro finaliza con este verso:
“Mis utopías tienen luz; las adversidades no importan”.
Un poeta puede ejercitarse, entrenarse en la escritura, en la técnica; -puede considerar como lo hacen algunos- que la poesía está más cerca del “oficio” que de la inspiración,o que de la necesidad de volcar lo interno más profundo. Para algunos alcanza con crearse una retórica. Pienso que cada poeta elige su léxico, su sintaxis, aunque esta elección sea inconsciente. Pero hay dos entidades primordiales sin las cuales todo esto, a mi entender, queda vacío, y esas entidades son la emoción y la sensibilidad. Y es justamente a partir de ellas que se puede fraguar la belleza. Esto es lo que hace Gustavo.
Leemos:
“Dijimos adiós
y dejamos entremezclados
tu último suspiro con mi primer melancolía.
No hubo lágrimas ni certezas,
sólo mi caricia cálida sobre tu rostro nevado”.
Muchos de sus poemas están en primera persona, porque este poeta se juega, pone el cuerpo, da la cara, grita en cada palabra todo lo que siente y lo hace en forma valiente y directa.
El se embarca en la poesía como creación.
El poeta inglés Houssman dice: “secreteamos versos...la poesía no es la cosa que se dice, sino cómo se dice”. Así, Gustavo, hace poesía cuando “dice” y “crea”. Por ejemplo en estos versos:
“Se queda muda la risa que tengo siempre,
aflora la verdadera esencia
de mi tristeza enmascarada”.
O en otro donde escribe:
“Incertidumbre y decepción
mi piel vacía.
Pregona tu amanecer
un planeta helado.
No espero,
cierro las ventanas”.
Paul Celan escribe a Hans Bender quien prepara la antología “ Mi poema es un cuchillo”:
“Oficio ( el de escribir ) –que se hace con las manos. Y esas manos sólo pueden pertenecer a una persona(...). sólo verdaderas manos escriben verdaderos poemas(...). Vivimos bajo oscuros cielos y hay muy pocos seres humanos. Probablemente por esto hay tan pocos poemas.”
Es obvio que Celan quiso decir que hay muy pocos seres humanos verdaderamente humanos, con la acepción positiva que lamentablemente se ha desnaturalizado bastante. Y por lo tanto, pocas personas que pueden escribir poemas. No dudo en situar al autor del libro que ahora nos ocupa, en esa minoría. Vemos aquí verdaderos poemas, auténticos, sinceros, con esa sinceridad que sólo un espíritu lleno de riqueza puede dictar.
Creo que viene bien recordar la frase de uno de los poetas más grandes del siglo XX, el alemán Gotfried Benn cuando dice. “ el arte no se ha de comprender; el arte deja impresiones. Esto es su luz”.
Y arte es cuando Gustavo Tisocco escribe cada palabra de este libro que hoy nos entrega.
Quiero explicar que todo lo que acabo de decir no agota lo que podríamos hablar sobre el libro. Propongo tomarlo como una introducción, como unas palabras a modo de prólogo y que tiene que ver con nuestro hábito de presentar libros , acción que nos va acercando al corazón del poeta donde reinan las palabras.
Ahora ustedes saldrán del preámbulo y se sumergirán en el verdadero terreno del poemario, lo leerán y opinarán ustedes mismos.
Dijo Borges: “Las cosas que le ocurren a un hombre, le ocurren a todos”. ATisocco le “ocurrió” este libro que tiene su propia magia y sus propios tiempos. A quien lo lea, también le “ocurrirá” este libro, pues se identificará con su palabra, su talento y su ternura.
En los tiempos adversos en que vivimos, Gustavo hace surgir la esencia del poeta venciendo la locura que se ha adueñado de lo real. Así, traspasa ese daño y embellece la vida cor su palabra. Le agradezco esta entrega.
Palabras sobre el libro "SUTIL"

"Los sueños" merecen la vivencia cotidiana de un despertar, así vivo soñando / despertando.
En cada uno de mis poemas esta la efímera ilusión del brote de hojas nuevas, la radiante alegría de la uva fresca, el burbujear de sedientas perlas acuáticas, la tristeza del gorrión en invierno, cada uno de mis escritos nacieron como sangre, de herida nueva, desplegándose entero en mis dedos y transformándose hoy en mi primer hijo que representa mi libro SUTIL...
Invito a usted a ser el espectador místico de este bautismo poético.
Gustavo Tisocco
Atmósfera, nostalgia, celestial, cotidianidad, el misterio de duendes, ángeles y hadas, acaso, también fantasmas. Sutil... puede representar un libro, puede más que eso, ser poesía. Gustavo Tisocco ha generado, casi impunemente, una vida paralela en sus escritos, donde el misticismo, la melancolía noctámbula, y obviamente, el amor, en todas sus formas de amor y no amor, resguardan a esta nueva persona que también es Gustavo Tisocco.
Este poeta, tan sensible como sólo pudo imaginarlo otro poeta, refleja con una simplicidad lograda perfectamente, la armonía de vivir, la disposición de las personas y los sentimientos en versos sublimes, de reflexión y humanismo.
No olvido decir que al leer estas páginas pude ver mucho de su autor, conozco que ha sabido escribir con la fidelidad de la verdad tan abrumadora con un lenguaje poético y, para nuestro agrado, de nueva poesía.
Celebremos, entonces, esta nueva producción, este nuevo desmantelamiento de la realidad, que nos acerca un espejo muy interesante, que merece que nos pongamos en aquel lugar del tú o del vos, seamos la segunda persona de estos poemas y prosas, imaginemos, y no tanto, que Gustavo escribió para nosotros. Tiene algo que decirnos.
Damián Pi


