jueves, 11 de diciembre de 2008

Palabras de Luis Benítez en la presentación de "Corazón de níspero"



Video/fragmento de las palabras de Luis Benítez



PRESENTACION DE “CORAZON DE NISPERO”, de GUSTAVO TISOCCO, Teatro General San Martín, 10 de diciembre de 2008.



En la isla de Malta, en el Templo de los Caballeros de San Juan, hay muchas pinturas. Una de ellas, es fundamental para la historia del espíritu occidental. Lo es, porque marca exactamente el antes y el después de un cambio decisivo. Se trata de una gran pintura, por su importancia antedicha y también por sus dimensiones estrictamente físicas. Su título es “El degüello de San Juan Bautista” y marca el cambio de la sensibilidad renacentista a la decididamente moderna. Fue pintada por un exiliado, un prófugo llamado Caravaggio (en realidad se llamaba Michelangelo Merisi), apenas comenzado el siglo XVII. Durante su breve vida, fue contemporáneo y probablemente no lo supo, de Miguel de Cervantes Saavedra, Luis de Góngora, Lope de Vega y William Shakespeare. “El degüello de San Juan Bautista”, como tantas obras maestras, fue pintado por obligación y, más discretamente, por encargo. Caravaggio necesitaba ser nombrado Caballero de San Juan para quedar impune de algunos crímenes, pocos para su tiempo, que le habían sido adjudicados en Italia, algunos de ellos no sin razón cierta. Era un gran artista y además, un notorio criminal. Este asesino que cambió la sensibilidad de su tiempo, que de alguna manera mató lo que sentían hasta entonces sus contemporáneos, en aquella tela enorme que pintó apurado por la amenaza de la horca, registró el cambio de un tiempo anterior, el que había reflotado la idea de una belleza ya despojada de sus disfraces sobrenaturales, religiosos –una idea, por otra parte, exhumada de la antigüedad clásica, la de aquel cambio propiciado por el Renacimiento- por una idea nueva de lo que debía mostrar el arte de allí en adelante.
“El degüello de San Juan Bautista”, en tamaño natural, nos muestra una celda lúgubre, donde un sicario brutal le corta el cuello a un santo, mientras un guardia vela porque se ejecute la sentencia, otro hombre se espanta del crimen al que asiste obligado y una anciana se horroriza del acto del sicario. Ninguna de las dos últimas figuras puede hacer nada para que la sentencia contra el profeta de un nuevo tiempo y de un nuevo hombre no sea implacablemente cumplida. Se trata del avasallamiento de toda razón y justicia, de toda idea de belleza ética –ya que la ética implica en sí misma una idea de belleza moral- abatida por el poder fáctico. La muerte de un profeta, San Juan Bautista -nada menos que el anunciador del más grande profetizador que reconoce Occidente- no puede ser evitada por las dos personas de bien que, al menos, podemos reconocer en la escena. Y también, se trata de una profecía: el advenimiento del “tiempo de los asesinos”, situación sintetizada por Rimbaud, repetida por Rimbaud, algo más de dos siglos después, buena muestra de la importancia y la vigencia posterior del aviso apresurado de Caravaggio.
Todos los que escribimos hoy, somos descendientes de esa visión de Caravaggio, plasmada en “El degüello de San Juan Bautista” apresuradamente, con la cuerda prácticamente al cuello. Sólo que para él, que murió tan joven, alcanzó con plantear en un cuadro genial el corte, la fisura, el cisma entre una sensibilidad anterior y otra con futuro.
Nosotros, la posteridad de Caravaggio, tuvimos la tarea de seguir mostrando qué espacio, entre el horror, podía seguir ocupando la belleza, después de que el Caravaggio nos mostrara que se podía mostrar al mismo tiempo el horror y la plasticidad de su belleza. Ya no pudimos, como antes, invocarla en estado puro, como simple y escueta belleza. Tuvimos que apelar a nuestros mayores recursos para pintar un mundo donde tuviesen su espacio tanto el horror como la belleza y, también, toda la escala de grises entre ambos extremos.
Es por ello, por esta tarea tan difícil, que leer un libro u oírlo, como es el caso de “Corazón de Níspero”, de Gustavo Tisocco, obliga primeramente a escuchar cómo el autor da cuenta de tan complicada tarea.
Ser un autor moderno, o si prefieren hablar del arrabal y consecuencia de la modernidad, un autor posmoderno, no es tarea fácil. Además de la que encomillo adrede “pesada herencia de Caravaggio”, uno tiene que dar cuenta de otras deudas. En principio, tiene que hacer una delicada elección de los recursos estilísticos que va a emplear. Debe optar entre un sinnúmero de discursos posibles y, lo que es aun más complicado, debe realizar una síntesis de los mismos para adquirir una voz propia.
Al abordar los textos de un autor nuevo, uno no puede entonces menos que hacerse unas tremendas preguntas: ¿Cómo lo hizo él? ¿Cómo se las arregló para lidiar exitosamente contra tales exigencias? ¿Cuál es el camino personal por el que optó? Desde luego, a fuerza de ser sincero, y poco político literariamente hablando –algo que ya es mi costumbre- tengo que decir que tanto en 1980 (el tiempo de mi generación) como en la actualidad, en calidad de lector, suelo ser defraudado por la propuesta de muchos pretendidos autores. Esto no es simpático, desde luego, ni ayuda a hacer amigos, también desde luego, pero si usamos a la poesía para parecer simpáticos y para hacer amigos, sería bueno que nos dedicáramos a otra cosa. Definitivamente a otra cosa, para bien nuestro, de nuestros semejantes y de la misma poesía.
Es mejor que nos quedemos con la poesía que sí responde a estas exigencias, que son sólo algunas de las tantas que tiene el género en nuestro tiempo, y que prefiramos dejar a lo que no es poesía en la caja siempre llena de los buenos o regulares o malos intentos, tal vez bien intencionados, pero no acertados intentos.
Cuando me invitan a presentar a un autor, si no me gusta lo que escribe, tengo cómo fundamentarlo, pero prefiero no aceptar la invitación, argumentando algo falso pero cordial; será preferible siempre que sea así.
Por el contrario, presentar a un autor que nos interesa siempre será algo similar a una fiesta, similar a un buen momento –eso es lo que recordamos al hablar de él- un buen momento que es el de la lectura, el de las varias lecturas, que hemos hecho de él. Las palabras de un autor respecto de otro, siempre son las palabras de un lector agradecido. Presentar los textos de un autor que nos gusta, es una forma de agradecer lo que ha hecho por nosotros: nos brindó, generosamente, una buena linterna para ver un camino nuevo que atraviesa la bifurcación del arte y la literatura occidental presentada apresurada y exactamente por Caravaggio y todo su desarrollo posterior.
Leyendo a Tisocco, escuchando sus poemas en la voz de Orlando Carrafiello, encontré que había otra forma además de las que ya conocía, para evidenciar la belleza en medio del horror, cuando un autor tan sensible e inteligente como nuestro poeta nos brinda el atajo, la senda trasversal, una nueva manera de acometer la hoy ya vieja y siempre nueva empresa, la que cada autor de nuestro tiempo debe enfrentar, librado a las posibilidades y también a las posibles falencias de su propia voz.
Aprecié con el oído lo que leí, simultáneamente, con la mente: que el autor de “Corazón de Níspero” domina el preciso registro que lleva a entender que no son válidas las búsquedas exclusivamente porque respondan a algo tan difundido por lo que podemos llamar un tendencia imperante en nuestro tiempo entre los autores jóvenes; esa tendencia a “contar lo que me pasa adentro”, como si ése fuera el único valor posible. La poesía, ya sabemos, no tiene predilección especial por los sucesos acaecidos en las achuras del autor; más bien, lo que le sucede a quien la escribe la tiene muy sin cuidado, en cuanto no tenga relación íntima con lo que le sucede a ella misma. La poesía es autorreferencial: sólo le importa ella misma. Si no damos cuenta de lo que a ella le sucede, si sólo nos fijamos en nosotros, nos abandona rápida y muy notoriamente.
Tisocco evita este peligro del modo más difícil, pero también, del modo más efectivo. Tiende un puente entre lo íntimo y lo universal. Sabe qué le sucede a la poesía de nuestro tiempo y asimismo, no sólo qué le sucede a él, sino también, cuál es la relación entre ambos mundos, que son uno.
Lo difícil en cualquier era de la poesía, es hacer lo que hace Tisocco: mostrar el puente entre estos dos universos, porque se necesita del encuentro de ambos, para escribir un solo verso.

...................................GRACIAS.

Luis Benítez

6 comentarios:

Blogger ©Claudia Isabel ha dicho...

HErmosas y acertadas las palabras de Luis Benitez!!!
Un lujo!

12 de diciembre de 2008, 6:54  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ha sido un placer escuchar las palabras de Luis y de las de Ana.Un recorrido acertado para quien leemos habitualmente la poesía de Gustavo y lo entendemos y conocemos de su vuelo poético.
Bellísimo!!

Lily Chavez

12 de diciembre de 2008, 7:31  
Anonymous Anónimo ha dicho...

"Las palabras de un autor respecto de otro, siempre son las palabras de un lector agradecido. Presentar los textos de un autor que nos gusta, es una forma de agradecer lo que ha hecho por nosotros: nos brindó, generosamente, una buena linterna para ver un camino nuevo..." qué se puede agregar a este brillante concepto de Luis Benítez; queda expresado en este fragmento la solvencia y fluidez que caracteriza su escritura, así como la riqueza de conocimientos que le permitieron establecer analogías y puentes consubstanciados con el universo poético. Te felicito Luis, una gran alegría volver a verte y recordar viejos tiempos, nuestras Mesas compartidas, La Prensa, la Feria del libro, etc.
Luis, un gran abrazo y gracias, extenso a Gus por su nueva entrega y por dejarnos compartir su alegría y su talento.

Elisa Dejistani

12 de diciembre de 2008, 8:03  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Luis, la poesia de Gus, es exquisita, su recurso e imagenes
Un abrazo
marite

12 de diciembre de 2008, 11:13  
Anonymous Anónimo ha dicho...

David Antonio Sorbille dijo...
Excelente comentario. Tiene la precisión y calidad necesaria.

25 de diciembre de 2008, 17:52  
Blogger diana poblet ha dicho...

Luis, siempre decís lo que uno no está esperando, tal vez ahí radica el manantial de contenidos aquí expresados.No es poco lo que has dicho, lo encuentro casi explosivo porque contiene un pensamiento reflexivo que ha sido entregado con cautela y sin prisas.
Has tomado tu tiempo y lo has dicho con esa pausa que ya te caracteriza.
Un abrazo,
d.

1 de febrero de 2009, 18:47  

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