domingo, 18 de noviembre de 2012

Palabras de Paulina Juszko en La Plata sobre TERRESTRE



 
PRESENTACIÓN  DEL  LIBRO  “TERRESTRE”  DE  GUSTAVO  TISOCCO 

          Con el título de este nuevo poemario, Gustavo Tisocco  reivindica su condición de simple ser humano – ni ángel ni demonio – un habitante de este planeta, alguien que no puede evadirse de la fragilidad y el misterio, condenado por eso mismo a tender los brazos hacia un horizonte inalcanzable: es ahí en el olor a tierra / que descubrimos el cielo, dice Tisocco. Los pies en la tierra, la cabeza en las nubes: imagen que representa al poeta, quien se confiesa un hombre triste aunque disimule la tragedia habitando mi casa, o sea la tierra, su tierra.

          Cuatro son las temáticas que monopolizan la atención de Tisocco en este libro: la infancia, el amor, la muerte, la injusticia – a las que podríamos caracterizar como temas clásicos y pilares de la poesía en general.

          Con respecto a la nostalgia de la infancia, me detuve a preguntarme por qué es un favorito de los poetas.¿Qué es lo que añoramos tanto, aun los que no tuvimos una infancia feliz…? Es seguramente el ojo nuevo, el estreno de la mirada, la pura sensación y, más que todo, la divina inconciencia. A esto alude Baudelaire cuando añora el paraíso de los amores infantiles. Éramos felices, aun los más desgraciados, en la ausencia total de cuestionamientos con respecto a nuestro propio ser y a esas dos avalanchas que lo sumergirán más tarde: el amor y la muerte.

          Parodiando un dicho popular, podríamos afirmar: lo que mata es la conciencia. A los ojos de nuestro poeta, seca y desertifica. Desierto que sólo puede atravesar con ayuda de la poesía.

          Tisocco dedica este poemario a su pueblo natal, Mocoretá, y lo llena de bellas imágenes que evocan su geografía: Olor a tierra húmeda es mi pueblo, / a uvas y glicinas, / a mandarinas, fresnos y eucaliptos. […] Es el río y es el campo, / casas bajas y blancas, / música de acordeón y de gorriones.

 El leitmotiv del agua está presente en todo el libro, en forma de río, mar, arroyo, charco, lluvia o lágrimas. Del río, del río pueden hablar, recuerden que de sus aguas nací una noche de enero cuando jóvenes mis padres pisoteaban lo prohibido, dice Tisocco en la prosa que cierra el libro, suerte de testamento literario. Se diría que el agua es un símbolo de su infancia, una infancia fluvial: Y entonces comprendimos / que el agua estaba lejos, / las calles, el pueblo, / el silencio estaba lejos. […] Entonces comprendimos / que la casa estaba lejos / y perecimos de sed.

          Exiliado, cercenado, arrancado de esa casa con aroma a ajo, cebolla y magia, el poeta canta por sus mutilaciones, sólo le queda la odisea de persistir entre ruinas. La pérdida de la infancia desestabiliza el ser y, a medida que crece la lucidez, se agranda el desconcierto: ahora el acertijo que soy / no tiene retorno. Barco  que olvidó el mar. Despoblado de mí / entrego lo que queda, dice. Pero en esa entrega está la salvación. Es el rol redentor del arte: el poema que inicia el libro está dedicado precisamente a su salvador, a quien le enseñó las palabras.

Aun mutilado, abandonado de Dios, triste a morir, el poeta canta: Cantar hasta que nos sangre la boca / los dientes / la rabia.[…] Cantar / cantar hasta que se nos sequen los ojos / cantar. Lo que me recuerda aquellos versos de Alejandra Pizarnik,  la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos. El árbol seco jamás será muerte mientras lo habiten nidos y sólo surcando desiertos descubriremos la sed y el oasis. ¿Es posible retornar al hechizo de aquel destello? El arte nos tiende un puente, porque significa búsqueda del otro, generosidad, entrega y es la única posibilidad de comunicación verdadera entre los seres humanos.

¿Y cuál es la actitud de Tisocco ante la muerte, esa terrible incógnita que nos acecha? No le teme a la propia porque morir debe ser / como tararear una canción / que no sabemos bien / pero presentimos, dice y hay una aceptación de esta ley inexorable; a sus ojos de médico mientras mueren van naciendo, la vida y la muerte son fenómenos simultáneos, una visión en aleph. Pero lo atormenta la muerte de los seres queridos: la de la abuela Rosa, la de su tío Jorge, la de aquel Arielito que marcó sus años tempranos… a quienes sólo la inercia de la hierba / arropa ahora.

Y también lo agobia la muerte de quienes fueron víctimas de la injusticia, otro de los temas mayores en la poesía de Tisocco: su compasión por los caídos, los que forman una montaña de huesos, / alta, interminable, permanente. Qué bella imagen ésa de las Madres de la Plaza de Mayo llevando un pañal blanco y seco en la cabeza…Y la de las Madres del Dolor, a quienes les arrancaron la flor antes de ser capullo y perfume y que persisten, delgaditas y pequeñas, reclamando justicia como nubes tenaces sobre el desierto. Aunque la justicia sea una esfera de cristal / que arrojamos al fuego.

Profundo sentido social tiene esta poesía que se indigna contra la guerra, la desigualdad, la discriminación. Cuando no hay un techo / la lluvia moja / la lluvia duele / la lluvia sangra, dice Tisocco.

Si hablamos del amor – piedra angular de toda la poesía – nos encontramos aquí con una actitud ambivalente: para nuestro poeta el amor se identifica con el dolor. El bello poema Amo a un hombre pez se refiere metafóricamente a esa dualidad irremediable que ningún amor puede resolver. Cito la última estrofa: Me mira desde la superficie apenas sumergido, / lo miro desde mi oxígeno / al límite extremo del ahogo / y  nos besamos apenas un instante, / ínfima eternidad habitando en la apnea. Versos que nos remiten también al mito de Narciso, al magnífico poema de Paul Valéry donde Narciso le habla a su imagen reflejada en la fuente. Hay tanto de narcisismo en el amor…

Ya no seremos dos / y duele este cielo fragmentado, / este planeta que nos une y divide…Para Tisocco el amor es jaula y pájaro, anzuelo y pez, relación en la que subyace un sadomasoquismo claramente expresado en este poema: Tu nombre / como un martillo / que juzga / que golpea / y crucifica. // El mío / sólo implora. Es un amor caníbal: Devorar / devorarte / para tatuar en las entrañas / la suave música / el insensato resplandor. Es un amor alienante, un amor que chupa el ser, que anula la identidad: No soy yo, es el otro. // No soy más que un él esclavizándome. Pese a todo, el dolor deja de ser tal cuando gota a gota / fluye el éxtasis.

No hay que arrancar el puñal, él nos recuerda que estamos vivos. Y una bella agonía es preferible al hastío. El amor es daño, pero vida. Tisocco elige el borde del abismo: Amo este arriesgarnos a partir / a extraviarnos, dice y  sigue construyendo fortalezas / para que no escape ese amor tan frágil. Vale la pena amar aunque se sufra, porque el dolor es como el viento que limpia después de la tormenta y nos deja ver nuevamente la luz de un cielo claro. El poeta debe ser un ave fénix resurgiendo de sus cenizas. Hay en este libro hermosos poemas de amor, como Piquete a tu corazón, La casa que eres me cobija y Todos hacemos el amor como subidos a un árbol.

El tema del amor se relaciona en la poesía de Tisocco con la defensa de una libre elección sexual, con la condena de la hipocresía, el disimulo y la cobardía. En el poema dedicado a Nemat Safavi, niño iraní condenado a muerte por homosexual, dice: Nosotros que convivimos con las sombras / también sabemos del sol / y caminamos despacio pero avanzando a pesar de las cadenas / y de las miradas […] extenderemos las alas. Y en otro poema: Amé y dije mi verdad cuando ocultar era la consigna, / lo que se debía, / mordí todas las manzanas del paraíso / y hasta me burlé de la serpiente.

Hay una invocación al amor universal que quiero citar íntegra: Que se abracen el alto y el bajo, / el rebelde / con el sabio, / negros y blancos / que se abracen.// Que como pulpos / se abracen, que como niños se abracen, / con los maestros se abracen, / con las niñas los niños se abracen. // Tomar distancia ya no, en este tiempo no. // Que se abracen…¿Se acuerdan de los tiempos en que los maestros nos hacían dejar dos baldosas o tomar distancia con el brazo extendido hasta tocar al compañero que nos precedía en la fila?

Tisocco hace su profesión de fe literaria y nos da la clave de su poética cuando dice: Herméticos los ataúdes, / el sexo de las muñecas, / las latas de durazno.[…] ¡La poesía no…!  Y se pronuncia por una poesía abierta, clara, fluyente, como un agua que deja ver el fondo pedregoso.

La ambivalencia, que recorre el libro cual una corriente submarina – para estar de acuerdo con las imágenes acuáticas tan caras a Tisocco – también afecta a su visión de la poesía que es tramposa y versátil, que ata al poeta a sus caprichos: Ella bebe de mí la sangre, / hace con mis plumas un abanico / y me muestra el puñal / como una caricia cercana, como abrazo mortal, / una ventana abierta.

Si tuviera que hacer el trabajo que a Gustavo Tisocco tanto le gusta – y que tan bien hace en el blog “Mis poetas contemporáneos” -  me refiero al trabajo de ilustrar nuestros poemas, yo lo haría con una pintura de Chagall, una de ésas donde la pareja de enamorados flota abrazada en el espacio, sobre los techos rojos de una aldea. Y pienso especialmente en todos hacemos el amor cabalgando bosques, pienso en el noble levitar, en la locura de ser un poco pluma, en las ganas de flotar, de evadir fronteras de nuestro poeta, que siempre defendió sus alas y tuvo la valentía de desnudarse y saltar el muro.

Y si tuviera que definir la poesía de Gustavo Tisocco en cinco palabras – como suele pedírsenos en estos tiempos – esas palabras serían: nostalgia – ternura – amor – dolor – solidaridad.

 

   PAULINA  JUSZKO
          16/11/2012

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