martes, 11 de diciembre de 2012

Contratapa de TERRESTRE por Jorge Paolantonio



       “Soy incapaz de evadirme del oxígeno, / de esta fragilidad / de este misterio que soy (… )/  eso sí:  me encantan las tempestades /  la hierba creciendo / los trenes / el olor a pan…”. Estos versos parecen condensar  la clave que Gustavo Tisocco ha elegido para desarrollar la intensa partitura de su nuevo poemario.
      El poeta reúne una multiplicidad temática donde sobresalen dos líneas de pensamiento:     
la de un humanismo comprometido –que se duele por los caídos, los devastados, los infelices, los desvalidos, los innominados- y la que explora la idea del conocimiento agónico del yo frente al otro o su circunstancia.
      La pregunta “¿Habrá un cielo para los que defendemos / las puertas abiertas, / los jardines, las hormigas?” revela una preocupación que va más allá de lo personal: es una
causa que resplandece por su claro pedido de justicia. Mutilaciones, desiertos, desamparos, indigencia, indefensión: nada de todo eso es ajeno a este hombre que “lo daría todo por un día de lluvia” - como si la sola mención del líquido elemento sirviese para restaurar el equilibrio en ese mundo que él ve poblado de inequidades. Ese mundo –rico en matices e imaginería-  no se queda en generalidades, se particulariza con familiares inmediatos, personajes de su pueblo natal y figuras mitológicas de su litoral. Todos, en cierta medida, se pertenecen. Todo confluye. Posiblemente la infancia y la lluvia sean los tópicos que desvelan al autor de “Terrestre”. Por otra  parte,  Tisocco busca una y otra vez ponerle voz al desamparo. Lo resume, quizás, en los versos “de zinc quiero mi última casa/ para volver al niño / y ser murmullo” – la lluvia sobre la techumbre trae la inocencia de la infancia y la felicidad apenas musitada.                  
      ‘Yo amo a un hombre pez y soy hombre terrestre’ es la línea que nos remite a la otra temática mencionada. Una serie de textos dentro del libro sobrevuela lo que podría relacionarse con el mito de Narciso. Hay, en ese caso, una búsqueda que ignora –desde su condición ‘terrestre’-  la advertencia de Tiresias. Este moderno narciso pasa por distintas instancias en las que sufre o se complace sin reconocerse. Una imaginería sensual enciende el discurso poético y lo puebla de acciones que van del amor absoluto a la separación más cruel, de la ciudad  más alegre hasta la isla más desierta, del gozo a la infelicidad.   
       Terrestre” tiene un recorrido que no se queda con los pies sobre la superficie. La condición de vuelo –donde esta poesía queda suspendida- marca el espíritu sobresaliente de un ser que jamás niega su origen y condición para poder repartirse -como lo hace- en puro amor por sus semejantes. El mismo lo expresa así:                        
      Si preguntan por mí, si lo hacen, digan que lucía una corona amarilla de donde asomaban nísperos; que en la siesta me visitaban los santos, los mismos que la abuela por las noches me mostraba en sus estampitas”.

 

JORGE PAOLANTONIO
Invierno de 2012.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

David A. Sorbille dijo...
Querido Gustavo: Excelente pròlogo del gran poeta Jorge Paolantonio para tu magnìfico libro. Un abrazo

12 de diciembre de 2012, 11:24  

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